Con la música a otra parte

De Canena a Bruselas. Miguel Sánchez Cobo es un músico jiennense que decidió explorar nuevas culturas a través de un Erasmus. Desde entonces han pasado cinco años en los que sigue formándose en su gran pasión

30 jun 2019 / 12:42 H.

Aventurero desde la cuna. Entre los bellos cerros de La Loma se sitúa uno de sus pueblos con más encanto, Canena. Allí, con su Castillo como testigo, nació hace veinticinco años un virtuoso de las artes, Miguel Sánchez Cobo. Correteando por sus empinadas y empedradas calles creció aquel niño que ya apuntaba maneras como músico. Tras cursar Bachillerato en la ciudad de Úbeda, llegó el momento de partir y empezar sus estudios superiores. Desde el principio, el joven tenía claro que quería explorar el mundo más allá de las fronteras que había conocido y, realizar un Erasmus, era uno de sus grandes objetivos. La inspiración la encontró en su mayor compañera de aventuras: “Cuando era pequeño y vi que mi hermana había ido a Londres de Erasmus yo me dije a mí mismo que también tenía que salir de España para conocer otras culturas”. Fue de la mano de ella con la que partió hasta Bruselas. Juntos buscaron un lugar donde el joven pudiera hospedarse, aunque en su “nuevo hogar” no conocía a nadie.

Instalado en la principal sede administrativa de la Unión Europea, Cobo tenía todo por hacer pues su idea era pasar el tiempo establecido por el Erasmus y volver con la maleta llena de nuevas experiencias. Desde entonces han pasado cinco años por lo que, aquello que empezó como una simple aventura, se ha convertido en una de las grandes experiencias de su vida. Actualmente cursa un máster en la Universidad Koninjklik Conservatorium Brussels, en la especialidad de música de percusión, su gran pasión desde aquellas primeras primaveras en su tierra natal. La ganas de formarse, el amor por la música y por conocer otros destinos y culturas lo llevaron a Bruselas, aunque no todo fue fácil. “Los primeros días cuando me quedé solo fue duro, pero rápidamente me empecé a sentir cómodo. Todo el mundo era muy acogedor y me recibían con una gran sonrisa cuando pedía o preguntaba algo, con lo que no me costó mucho hacer nuevos amigos”, asegura el canenero que, a pesar de ser la primera vez que dejaba el calor de su hogar, se considera “muy afortunado” y los múltiples españoles con los que se ha encontrado en su camino, que son bastantes, le hacen sentir “más cerca de casa”. Es por ello que su día a día en la ciudad es muy “ameno”. “Estudio todos los días porque, en la música, es muy importante la práctica. El resto del tiempo lo dedico a salir con amigos, hacer deporte o viajar a otras ciudades de Bélgica y otros países donde realizo conciertos”, confiesa.

A pesar de ser “feliz” reconoce que anhela “el sol, las tapas con cervecita en una terraza, su familia y sus amigos”. Por ello no descarta volver a España, aunque en sus planes no está hacerlo a corto plazo. Lo de regresar a su Canena natal lo ve más complicado. “Los músicos que nos dedicamos a la percusión lo tenemos complicado”, lamenta, aunque las raíces sí las lleva muy adentro y regresa al menos dos veces al año. Tan presente tiene sus orígenes que intenta compartirlos con sus contactos en Bruselas, especialmente en la versión gastronómica. “Les interesa mucho la comida, como se trabaja en las campañas de aceituna, la extracción del aceite, y por supuesto, cuando lo prueban terminan por adorarlo”, dice Cobo, para resumir algunas de las características de los andaluces que más llaman la atención a los belgas. Entre las anécdotas que más le han marcado se encuentra una visita de su abuelo, de 90 años. “Cuando vino a verme al país me dijo, Miguelillo me gusta mucho Bruselas, tiene unas carreteras muy amplias”, cuenta. Tampoco olvida de la seguridad que aporta viajar fuera en busca de “fortuna”. Por ello, es una experiencia que recomienda a todos aquellos que lo tengan en mente porque cuando se intenta “no hay nada que perder” y si acompaña el talento y las ganas como a Cobo, el éxito está más que asegurado.