URGENTE
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Dicen los expertos que en las relaciones de pareja todo lo que supere los cinco años es “contra natura”, que la fidelidad no es un plazo fijo. Cuatro años de cohabitación entre el PSOE y Ciudadanos, aunque roce el larguero sentimental, se antoja carne de bolero, de puerto y despedida. El cortejo fue tan abrupto que ni en el momento de la celebración (constitución del Ayuntamiento) hubo un guiño o arrumacos entre los contrayentes. Una boda a sangre, muy lorquiana, con familias enfrentadas que no ven con buenos ojos el enlace, además de un despechado rondando la escena. Habrá que echar tierra encima de la tumultuosa negociación para hacer llevadero tan, a priori, funesta relación. Se intuía que María Cantos, como cabeza visible de Ciudadanos Jaén, había pujado altísimo tanto con el PSOE como con el PP, pero a tenor del “día después” y, sobre todo, del relato de cada cual se le fue de la mano tanta energía contenida. La dicotomía entre las premisas de pactos preferentes con el PP y la realidad de una ciudad que había votado cambio dejaba marcado un plan de trabajo que, sin embargo, se modificó en función de la puja. El órdago, sin duda, mayor fue pedir la cabeza de un atribulado Javier Márquez que aún no acierta a discernir qué pecado capital cometió. Pero es que era la única manera de romper estéticamente con el barroco popular, con la sucesión programada, era blanquear por parte de Ciudadanos un pacto con un PP al que la candidata había marcado a fuego desde su oposición vecinal.

Pero si por la mañana del viernes de Dolores, Millán ya dibujó una raya en el polvoriento suelo, por la tarde le tocó al PP capitalino negar la felonía de entregar al líder a la pira naranja. El “renacimiento” necesitaba una cabeza cortada para contentar a la turba y ésa era la del senador. Esa jugada sí la tenían visualizada. Sin embargo, un PP arrinconado contra las cuerdas del aparato, tiró de orgullo para negar hasta en tres ocasiones la caída en desgracia del jefe y desoír el canto del gallo. Reyes Chamorro, Javier Carazo y Manuel Bonilla en desfile nada complaciente dijeron no al ofrecimiento de un Madrid al que no llegaban los ecos del audio de marras. En otras circunstancias tal atrevimiento costaría un disgusto orgánico, pero Madrid sigue estando igual de lejos que el siglo pasado, para demérito de los invitados al convite y como comprobará el exalcalde.

De vuelta al cuadro lorquiano, al fresco del pleno inaugural, no faltó ni una plañidera, lamentando la desdicha que vendrá, el destino trágico que nos aguarda en la política municipal. Una Salud Anguita a la que le faltó acudir de riguroso negro, llorando por el desenlace de esta unión que no está bendecida. Esbozó, sin duda, un paisaje tenebroso para el nuevo alcalde por culpa de tan desafortunada compañía. Bien sabe la hoy líder de Vox que el arte de permanecer en política requiere de un poquito de buenaventura, romero y rituales solo propicios para iniciados. Cantos aguantó de forma estoica porque recibió estopa dialéctica por todos los flancos por aquello de afearle un mercadeo más explícito de lo que mandan los cánones. Eso sí, defendió que las incorrecciones o salidas de tono fueron pecado de juventud para una formación en permanente construcción y que recién incorpora nuevo organigrama. Haciendo bueno el estribillo de Malú, musa para un Ciudadanos errático en la estrategia, que de música no versa la tribuna:

“Me has enseñado tú (...) Maldita la maestra y maldito el aprendiz”.

Transición elegante la del alcalde que llega y el que se va, a quien le tocó lidiar con un panorama gótico en lo económico, que no pudo lucir el “Jaén Plaza” como reclamo y al que el tranvía se le escapó en última instancia.

De momento, en la pareja, como en la película de “Con faldas y a lo loco”, de Billy Wilder, las diferencias se toleran, todo sea por un final feliz, aunque aquí los dos vistan pantalones.