A la corte de los “milagros”

10 ago 2019 / 11:28 H.

Tuvo que ir Julio Millán a peregrinar a Madrid para explicar las cuentas municipales de entreguerras y poner ojos de gatito a una ministra en funciones de Hacienda, María Jesús Montero, que rumiaría entre dientes que estos de Jaén están “tiesos”, como resumiría, en un alarde de microeconomía familiar, Susana Díaz. Tiesos para varias generaciones habría que apuntillar y con escasas opciones de ascender en la llamada escala social. Los viajes a Madrid para ponerse firmes ante la autoridad competente se han convertido, de “facto”, en un género en sí mismo, al igual que Fernández de Moya inundaba con fría prosa funcionarial el buzón de la presidenta Díaz con largas misivas con agravios y peticiones del oyente. Quedaría extraño encomendarse a Lourdes, Fátima o, más cerca, a la Virgen de la Cabeza, además de a trasmano ideológicamente. Por eso se acude a Madrid para que los ministros del ramo vean nuestros progresos, nos pongan unas penitencias llevaderas y nos receten un aceite de ricino que pierde sus propiedades conforme llega a Despeñaperros.

Casi como una cuestión de fe, sientes la llamada cuando estás cerca, pero en cuanto te alejas, relajas las costumbres, pierdes el hábito y pecas. Así la capital se convierte en un cementerio de promesas incumplidas. Quizá en el búnker documental del ministerio exista un expediente X sobre las turbias finanzas municipales de Jaén y cada año se desempolva y se añade un nuevo legajo de penurias, con documento adjunto de buenas intenciones. Gestionar ruina era una de las premisas que se esperaba el nuevo equipo de Gobierno, el “algodón financiero” no engaña y tras una primera pasada se constata mugre para una limpieza en profundidad, pero otros se quedaron en el intento y limpiaron el polvo por encima y dejaron que la grasa se acumulara en la cocina del Ayuntamiento. La herencia política es compartida y conocida por los sufrientes ciudadanos, pero descendamos al dato. 542 días, con sus respectivas malas noches, tardan en pagar a los proveedores las facturas y así solo si tienes colmillos de multinacional puedes aguantar semejantes retrasos en la ración de carne diaria. Pequeñas y medianas empresas prefieren evitar el berrinche y se caen de las pujas, porque al menos la Administración sí dispone de personal para gestionar la penuria, pero ellos no. Es lo malo de litigar con la Administración, en sus múltiples variables, que tienes que tener fortuna hasta con el funcionario que lleva tus papeles. Del célebre “vuelva usted mañana”, hemos pasado a una reconfortante e higiénica cita previa, un pequeño carrusel de ventanillas y luego que al funcionario de turno no le salte la llamada personal que dejaría a cuadros al difunto Larra, asombrado, eso sí, de la asepsia de los espacios públicos y de las diferencias abismales entre una clase, con derechos, que trabaja en la Administración y el resto de mortales, apátridas de sindicatos, con derechitos, que trabajan en la zona cero de lo privado. He estado a un tris de levantarme y consultar el “Samuelson”, ese famoso manual de economía para periodistas iletrados, que estará desfasado como un servidor, para ver si barruntaba la simultaneidad de estos dos mundos, pero se me ha pasado al momento. Era un calentón de verano.

Hace tiempo que los periodistas somos una especie en peligro de extinción, unos dinosaurios en un medio hostil, donde se encumbró a los chamanes del “clickeo” insustancial. También hemos perdido el favor de un público al que acostumbramos a no pasar por taquilla y que no nos distingue de la casta y sus aledaños, pecado capital. Nos creíamos linces y sí nos atropellan como tales. Ánimo a los compañeros de Onda Jaén y suerte para poder vernos en la siguiente glaciación. Mutados, amputados, pero en la brecha.