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URGENTE

“Es una obra libre y emocional”

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07/01/2019

—¿De qué trata el libro?

—Es una novela de lo que siempre se llamó “basada en hechos reales”, y que ahora se denomina “autoficción o no ficción”. En cualquier caso, se trata de un libro heterodoxo, fronterizo, difícil de definir. Trata de mi vida y de la vida en la Úbeda y en la España de los años 70 y los 80 del siglo pasado fundamentalmente.

—¿Es autobiográfico?

—Sí. Lo que sucede es que llevo al papel situaciones que sucedieron, en algunos casos, hace casi 40 años y no estoy seguro de que sea posible conservar los recuerdos tanto tiempo con exactitud. Creo más bien lo contrario. Al almacenarlos en la memoria inventamos, añadimos y quitamos. Al recordarlos en el tiempo, volvemos a interpretarlos. Y, finalmente, al hacerlos literatura, les volvemos a dar una vuelta, no solo estética y formal, sino que volvemos a transformarlos, a falsearlos en busca de la verdad literaria, la única verdad que importa.

—¿Por qué escribe desde una perspectiva localista?

—Sé que los editores prefieren libros ambientados en una gran urbe como Madrid o Nueva York. Sé que desprecian lo local, pues piensan que reduce drásticamente la clientela potencial. Yo he escrito el libro que sentía, el que le debía al niño que fui y a la Úbeda que lo contempló. Me sumerjo a conciencia. Úbeda es el lugar en que sucede gran parte de la acción, pues aquí transcurrió mi vida en las décadas de los 70 y los 80. No he querido recurrir al trasunto, no hubiera tenido sentido. Es Úbeda, pero se trata de una Úbeda que se sitúa entre el recuerdo y lo literario.

—Granada también aparece en el relato.

—Sí, porque a finales de 1988 me trasladé allí para estudiar. En cualquier caso, su importancia en el texto es menor. Se supone que en el siguiente libro de la trilogía proyectada se abordarían los años 90 y parte de la primera década del 2000. Granada tendría un lugar importante en ese segundo libro. Hoy creo que no quiero escribir más de este modo, peleando línea a línea, palabra a palabra, por intentar lograr una cierta exactitud, la perfección de acuerdo a los propios gustos estéticos. Antonio Muñoz Molina mencionaba hace poco una frase de James Salter que decía que ser escritor es estar condenado a corregir. Tenía toda la razón. Se trata de una condena. He escrito y modificado tantas veces cada página que he perdido la cuenta. En este libro hay un esfuerzo estético brutal, una lucha permanente con las palabras.

—Parece una lectura compleja por los muchos personajes y situaciones que en ella aparecen.

—No lo creo. Se trata de un libro emocional, libre. No trato de juzgar a nadie, sino de señalar conductas que el niño que fui entendía erróneas o desviadas de la bondad, para que entendamos cómo somos como sociedad hoy día a partir de quienes fuimos.

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