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martes, 23 julio 2019
18:54
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URGENTE

Al filo de las dos de la tarde, Stiven B. A. salía del Juzgado de guardia con la mano en alto a modo de saludo y una sonrisa de oreja a oreja. Acababa de pisar la calle como un hombre libre tras más de 50 horas detenido en los calabozos de la Comisaría. De forma sucesiva, también recobraron la libertad el dominicano Álex J. E., y los colombianos Héctor Fabián V. E. y Michel M. C., los otros arrestados por la desaparición y posterior muerte de Miguel Ángel López Restrejo. El cadáver de este hombre de 32 años fue encontrado el martes por la Policía Nacional enterrado en un olivar del Puente Tablas, después de nueve meses en paradero desconocido.

La decisión de dejarlos en libertad provisional, con los cargos de homicidio e inhumación ilegal, la tomó el magistrado Miguel Sánchez-Gasca, después de estudiar el atestado policial e interrogar a cuatro de los cinco sospechosos —el quinto se encuentra en prisión por otra causa y no se le tomó declaración ayer—. El juez consideró que, por el momento, no hay pruebas contundentes ni definitivas contra ellos, que demuestren que mataran a Miguel Ángel y después enterraran su cadáver, más allá de un cúmulo de indicios reunidos por los investigadores de la UDEV de Jaén. Por ello, y a la espera de que la investigación avance y lleguen los resultados de la autopsia practicada al cuerpo, su señoría decidió dejarlos en libertad. Ordenó que se les retirara el pasaporte, así como la obligación de comparecer todas las semanas en sede judicial, para evitar que eludan la acción de la Justicia. Al mismo tiempo, el titular del Juzgado de Instrucción número 3 también decretó el secreto de sumario y se inhibió en su compañero del Juzgado número 4, que es quien lleva la causa desde que se denunciaron los hechos.

Las detenciones de los cinco implicados se precipitaron a raíz del hallazgo del cadáver de Miguel Ángel Ruiz Restrepo. Todos pertenecían al círculo de amistades de la víctima. De hecho, Stiven B. A. y Álex J. E. eran sus compañeros en el piso de la calle Málaga, de Peñamefécit en el que vivían. La Policía sospecha que el joven colombiano murió en esa vivienda en el transcurso de una fiesta que se produjo el 14 de octubre de 2018. “Lo que ocurrió allí solo lo saben ellos. A ver qué cuentan”, dijo el inspector jefe de la UDEV, Alfonso Ruiz Piote, cuando presentó los resultados de la operación “Humo”. Y lo que ayer contaron los sospechosos fue poco a o nada. Los dos que compartían el domicilio se acogieron a su derecho constitucional a no declarar, tanto en la Comisaría como en el Juzgado. Los otros dos implicados interrogados ayer, Héctor Fabián V. E. y Michel M. C., sí que contestaron a las preguntas planteadas en la sala, aunque solo para negar los hechos y decir que no participaron en la fiesta. Los investigadores de la Policía están convencidos de que mienten y ante el juez presentaron varios atestados en los que se explican estas contradicciones. Señalan que no avisaran a nadie de la extraña desaparición de Miguel Ángel, que mintieran en reiteradas ocasiones sobre lo que hicieron el día 14 de octubre y que se marcharan de Jaén poco después de que ocurrieran los hechos. El lugar donde fue inhumado apunta sin duda a que los autores no querían que el cuerpo fuera encontrado. Sin embargo, para su señoría esos indicios no fueron lo suficientemente contundentes como para meterlos en prisión preventiva. Por eso, decidió dejarlos en libertad con los cargos de homicidio e inhumación ilegal.

Ahora, todas las miradas se centran en los resultados de la autopsia. El cadáver de Miguel Ángel Ruiz fue trasladado a Madrid para la realización de un análisis mucho más exhaustivo, debido a que los restos óseos llevaban nueve meses sepultados a un metro de profundidad y se encontraba en muy mal estado, según las fuentes consultadas. Lo que ha trascendido hasta ahora es que el cuerpo se encontraba desnudo, tenía las manos y los pies atados y presentaba una bolsa de plástico cubriéndole la cabeza. Al parecer, también fue lavado con lejía antes de ser enterrado.

Los forenses tendrán que determinar cuál fue la causa de la muerte y, al mismo tiempo, buscar vestigios biológicos de las personas que estuvieron involucradas en su fallecimiento y en el posterior traslado del cadáver. Aquí también es crucial el trabajo de la Policía Científica, que está analizando el vehículo que, al parecer, se utilizó para llevar el cuerpo sin vida de Miguel Ángel desde su domicilio hasta el olivar del Puente Tablas donde le dieron sepultura en una fosa y donde fue localizado el martes por la Policía Nacional. El automóvil que se está inspeccionado pertenece a Sebastián G. P., el quinto de los detenidos y que ayer no se le tomó declaración por encontrarse encarcelado por otra causa diferente. Los investigadores creen que este colombiano no estuvo presente en la fiesta y que su participación en los hechos se limitó a poner el coche.

Con la investigación todavía en marcha, el caso puede dar un vuelco en las próximas jornadas o, incluso, horas. De ahí que el juez haya impuesto medidas cautelares tendentes a la inmediata localización de los cuatro sospechosos que ayer quedaron en libertad con cargos.