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URGENTE

Una trilogía cargada de belleza, música, palabras, sueños y vida

Serrat volverá a encontrarse con Machado y con Baeza en un concierto singular e íntimo el próximo 11 de julio
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01/07/2018
  • VIVENCIA. El Aula de Machado, en el instituto Santísima Trinidad, es lugar de peregrinaje para visitantes de todo el país que buscan la huella del poeta en Baeza.
    VIVENCIA. El Aula de Machado, en el instituto Santísima Trinidad, es lugar de peregrinaje para visitantes de todo el país que buscan la huella del poeta en Baeza.

El día 11 del próximo mes de julio, Juan Manuel Serrat volverá a encontrarse con Antonio Machado y con Baeza, 50 años después de que poeta, cantautor y ciudad iniciaran una singladura común, llegando a conformar una trilogía cargada de belleza, música, palabras, sueños y vida. Baeza, el mejor escenario para el reencuentro de dos genios unidos por la fuerza de unos versos, escritos por un viejo y sabio poeta; unos versos hechos canción en la voz de un joven y rebelde cantautor. Serán palabras hechas verso y canción, las que resuenen esa noche en Baeza recordándonos el viejo consejo machadiano que nos invita a que nos paremos a “distinguir las voces de los ecos”, y a escuchar “solamente, entre las voces, una”. Y entonces sentiremos que la palabra, verso y canción, es también nuestra, pues decía Montaigne que “toda palabra es mitad de quien la pronuncia, y mitad de quien la escucha”. Desde Baeza llegarán a toda la provincia, los versos del poeta andaluz en la voz del cantautor catalán.

MACHADO Y BAEZA. Baeza, entre los años 1912 y 1919, curó el alma de Antonio Machado, el nuevo profesor que llegaba a la ciudad, rebasados los 60 años, destrozado por una muerte cercana y reciente y hastiado de la larga agonía española. La ciudad se le vino encima nada más llegar y no escatimó frases desdeñosas sobre ella en su epistolario. Pero se le pasaron los años ocupado en enseñar, pasear, viajar, leer, escribir y recibir visitas. Siete años hicieron falta para que Baeza cicatrizada las heridas del poeta, quien, antes de abandonar la ciudad, escribía: “Campo de Baeza, soñaré contigo cuando no te vea”.

MACHADO, BAEZA Y SERRAT. Juan Manuel Serrat, en 1968, solo tres años después de comenzar su carrera artística, fue elegido para representar a España en el festival de Eurovisión. Se negó al saber que no podía cantar en catalán. Tenia 25 años, una voz prodigiosa, un alma inquieta y un genio revoltoso. Todo en él encajaba en aquel 1968, año de protestas y barricadas. Serrat hizo de la música su barricada, proyectando temas y ritmos musicales que fueran un grito de libertad, que rasgaran lejanías. Acertó con “Cantares”, presentado en la primavera de 1969 y que incluía 12 canciones, en las que la letra de once de ellas eran textos de Antonio Machado, y la otra un homenaje personal al poeta. En el disco la voz del poeta se funde a la del cantautor y ambas parecen navegar en un mismo mar emocional.

Durante aquel año 1968 se engendró el ya mítico disco. Serrat, en ese año, conoció tanto la fuerza del verso de Machado como la influencia de Baeza en su obra. Y todo de la mano y boca de López Aranguren, Joan Fuster, Jaime Gil de Biedma, Pere Quart, María Aurelia Capmany, Salvador Espriu o Francesc Valverdú, devotos machadianos, integrantes de la comisión organizadora del fracasado y abortado homenaje al poeta en Baeza, en febrero de 1966. A Baeza volveremos para escuchar en la voz de Serrat la grandeza de estos versos del poeta: “Cuando el jilguero no puede cantar, /cuando el poeta es un peregrino, /cuando de nada nos sirve rezar/ Caminante no hay camino, /se hace camino al andar / golpe a golpe, verso a verso”.

El miércoles 11 de julio Baeza disfrutará de un Serrat íntimo, en un concierto en el que tan solo hay a la venta mil entradas. La cita se celebrará en la Plaza de Santa María, a las nueve y media de la noche.

“Todos los niños pasan por el aula de Machado”
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En Baeza, desde muy pequeños, la conexión entre poesía, Machado y patrimonio está muy presente. Bien lo saben en el Colegio Filipense, apenas a unos metros del Palacio de Jabalquinto y el Aula de Machado. Cada año, como explica su directora, Teresa Asensio, los alumnos participan en una representación en este espacio con la que se acercan a su figura. “Machado en Baeza es un poeta muy reconocido y valorado”, explica. Además, cada año, durante el Día del Libro es protagonista y se da a conocer mucho entre los escolares. “Los niños de Baeza son muy conscientes del patrimonio que han heredado de sus mayores y la responsabilidad que tienen para cuidarlo”, apunta la directora.

“La gente llega hasta aquí con devoción”
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“Serrat es historia viva, muy viva, de la música. Representa una actitud cívica, una inteligencia que demuestra muy a menudo”. Rogelio Chicharro Chamorro es el director del instituto Santísima Trinidad de Baeza, en el que “don Antonio” fue profesor de Francés. Allí su aula es memoria y lugar, como dice, de peregrinaje: “Gente de toda España llega hasta aquí casi con devoción religiosa. De hecho, es uno de los lugares más visitaos de Baeza”. “La figura de Antonio Machado es un imán, conecta con los sentimientos y las emociones, la poesía tiene esa fuerza”, reconoce. Asegura que su cita con la ciudad patrimonial el día 11 es una oportunidad extraordinaria para muchas generaciones. “No solo para los que somos de su época, también para los más jóvenes, es una figura extraordinaria. Será un disfrute contar en nuestra provincia con un artista como él”, asegura.

los olivos
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Desde mi ventana,

¡campo de Baeza,

a la luna clara !

¡Montes de Cazorla,

Aznaitín y Mágina!

¡De luna y de piedra

también los cachorros

de Sierra Morena!

Sobre el olivar,

se vio la lechuza

volar y volar.

Campo, campo, campo.

Entre los olivos,

los cortijos blancos.

Y la encina negra,

a medio camino

de Úbeda a Baeza.

Por un ventanal,

entró la lechuza

en la catedral.

San Cristobalón

la quiso espantar,

al ver que bebía

del velón de aceite

de Santa María.

La Virgen habló:

Déjala que beba,

San Cristobalón.

Sobre el olivar,

se vio la lechuza

volar y volar.

A Santa María

un ramito verde

volando traía.

¡Campo de Baeza,

soñaré contigo

cuando no te vea!