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martes, 13 noviembre 2018
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URGENTE

Un hasta luego a la Chiquitilla

Cientos de devotos y fieles acompañan a Nuestra Señora de Guadalupe
  • FIELES. Cientos de ubetenses arropan a la Chiquitilla del Gavellar en su despedida de la ciudad de los Cerros, en el Molino de Lázaro.
    FIELES. Cientos de ubetenses arropan a la Chiquitilla del Gavellar en su despedida de la ciudad de los Cerros, en el Molino de Lázaro.

L os hermanos de la Real Archicofradía de Nuestra Señora de Guadalupe comenzaron la jornada muy temprano, ellos y los cientos de devotos y fieles que no quisieron dejar pasar la ocasión de despedirse de la patrona y alcaldesa perpetua de la ciudad, la llamada cariñosamente Chiquitilla del Gavellar. A las cinco menos diez de la mañana se escucharon los primeros cohetes que anunciaban que la partida de la Madre de los ubetenses hacia su retiro invernal se aproximaba. Todavía de noche, a las seis y media de la mañana, se celebró la eucaristía en la iglesia de la Santísima Trinidad. Tras la misa, la Virgen fue trasladada al Molino de Lázaro. Se da la circunstancia de que la Chiquitilla llevaba seis años sin cumplir con la tradición en este lugar. El encargado de decir adiós a la Virgen de Guadalupe fue José Arándiga Navajas, quien la recibió el pasado 1 de mayo, tras la multitudinaria romería.

Este devoto ubetense recordó lo emocionado que estaba, un sentimiento que compartió con otros ubetenses. Y es que confesó que fueron días muy felices los que vivió durante su retiro estival en la ciudad, entre sus hijos. Es un tiempo en el que las calles del casco antiguo recobran la alegría. No en vano, son muchos los fieles que caminan, cada tarde, hacia la basílica menor de Santa María de los Reales Alcázares para visitarla su capilla y hablar con Nuestra Señora de Guadalupe. Arándiga agradeció la oportunidad que se le había brindado al ser la persona encargada de recibir y despedir a la querida imagen.

A continuación, la Virgen de Guadalupe avanzó entre cientos de ubetenses que la acompañaron, primero hasta el cementerio municipal de San Ginés, donde hubo una pequeña parada en memoria de los que ya no están en el mundo de los vivos. Después de abandonar el camposanto, la patrona emprendió la marcha hacia la pedanía de Santa Eulalia, donde decenas de aldeanos la esperaban. Fue el último recorrido hasta que la Madre se recogió en su lugar de retiro invernal, un camino con música de repiqueteo de campanas y del coro Pasión Andaluza.