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La bebida que guarda la magia de la tradición

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17/03/2017

Como muchas genialidades, el Rossini surgió por una casualidad. “Es una bebida que inventamos hace 30 años, es decir, a finales de los 80. Nos llegaron unas cajas de licor equivocadas y teníamos un vino de Jumilla muy duro. Entonces, se nos ocurrió mezclarlo para hacer una bebida. Mi padre decidió que la añadiéramos gaseosa de limón, uva, hielo y una rodaja de naranja y así nació el Rossini en el Bar La Barra”, afirma Carlos de Pablo Morales, su propietario. Como era una bebida que tenía color rosa, decidieron llamarlo Rossini. Y así se quedó y se le conoce por los jiennenses que acuden a saborearlo.

“No es una fórmula secreta. No me importa decirlo. Lleva vino, gaseosa de limón, licor de melocotón y angostura. Además, se le pone una uva, el hielo y una rodaja de naranja. La composición es importante, pero lo mejor es tomarlo en el ambiente de La Barra, que es el gran secreto y algo que no se puede igualar. El Rossini es un cóctel de vino que encaja a la perfección con la tapa de morcilla y un puñado de chicharicos”, manifiesta Carlos de Pablo Morales. Las migas tampoco le van mal. Están deliciosas. Tres generaciones de jiennenses ya han probado el Rossini. “Vienen abuelos, padres y nietos para saborearlo. Es algo que nos llena de orgullo. Nos hace muy felices porque se trata de un producto que nos hace muy singulares”, señala.

Precisamente, el Bar La Barra se le conoce rápido en cualquier lugar cuando se habla del Rossini. “Mucha gente que viene a Jaén de vacaciones o para pasar unos días, se van y nos recomiendan. Luego, vienen otros y nos dicen que los han enviado unos amigos para degustar una bebida muy especial”, manifiesta Carlos de Pablo Morales. Precisamente, fue su padre Carlos de Pablo Maroto, el inventor de la bebida, que mezcla la magia de la tradición con burbujas llenas de originalidad. Le dio un toque maestro para encontrar el vino que encajara mejor hasta hacer el cóctel que ahora se sirve en el Bar La Barra, que se ha convertido en una seña de identidad de las tascas de la capital jiennense. Sin duda, una bebida que guarda el sabor de Jaén y que sirve para acompañar muchas delicias gastronómicas.