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martes, 20 noviembre 2018
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URGENTE

En octubre, apenas un hilo de agua bajaba entre los cuarenta metros de roca de La Cimbarra, en Aldeaquemada, uno de los espacios naturales más sorprendentes de la provincia. Ni allí en Despeñaperros, ni en la Sierra Sur, ni en Mágina, ni en el inmenso Parque de Cazorla, Segura y Las Villas, ni el otoño, ni la lluvia habían hecho acto de presencia. Ni una gota de esperanza para un sediento campo que enlazaba varias temporadas de sequía. Hoy, cinco meses después, la estampa se ha transformado por completo: la alegría, en forma de agua, brota por doquier.

Y el más claro ejemplo de esta “resurrección” está, precisamente, en La Cimbarra. Allí en Aldeaquemada, desde el 28 de febrero, cuando empezó a llover, como recuerda su alcalde, Manuel Fernández Vela, han caído 365 litros por metro cuadrado, cuando lo normal al año son unos 650. No es extraño que el pasado 9 de marzo rompiera esta impresionante cascada. Y el interés que había por verla lo ejemplifica también muy bien el responsable municipal con un dato: “Ese sábado llegaron a coincidir allí 152 coches y dos autobuses con gente, no había dónde aparcar y hasta la Guardia Civil tuvo que ir a cortar el acceso”.

También en octubre, en manga corta y con un calor impropio de esas alturas del calendario, la Cueva del Agua, en Quesada, presentaba un aspecto poco esperanzador. Había que fijarse bien para ver el agua entre las sinuosas rocas de sus pozas. Eso pocos meses después de que se anunciara el inicio del expediente para su declaración como Monumento Natural de Andalucía. Esta misma semana la estampa era bien diferente: el estruendoso sonido del agua rompiendo en las rocas en toda la cueva era música para el oído de los visitantes. Un espectáculo digno de romerías hasta este paraje a pocos metros del santuario de Tíscar.

Mucho menos “famosa” es La Osera, en plena Sierra de Las Villas, a pocos kilómetros de Mogón, pero no tiene nada que envidiar en espectacularidad a las dos anteriores. Son, como recoge uno de los vecinos de la zona, Pedro Jiménez López, que con su cámara al hombro recorrió esta misma semana la zona, 310 metros de cascadas ininterrumpidas en un tramo de unos 5 kilómetros lineales que van desde la inicial de Chorrogil hasta la última de este paraje. “Ni la declaración de la Unesco como Reserva de la Biosfera ni la de Parque Natural en 1986 por la Junta de Andalucía bajo el nombre de Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas han evitado que el paraje de la Osera sea un gran desconocido para el gran público”, asegura. “Pero los amantes de lo salvaje sabemos de su belleza. El hombre acabó con los osos en la Edad Media, de ahí el nombre de la Osera, también con los lobos, los segureños, bien entrado el siglo XX, y dio nombre al río Aguascebas, que significa “río de lobos”. Hoy el velo blanco de los fantasmas de osos y lobos lo vemos en forma de cascadas, casi una docena, que, curiosamente, disfrutamos con la generosidad de las lluvias del mes de marzo. Que les aproveche”, explica junto con sus fotografías.

De belleza salvaje bien saben también en Valdepeñas. Allí Las Chorreras son el mejor símbolo del regalo del cielo a la Sierra Sur. Y están en plena efervescencia: las fotos apenas distan un mes de diferencia. Allí, el nacimiento del río Vadillo, normalmente seco, solo emana cuando llega un buen año de lluvias. Estos días, ya lo hace para inmensa alegría de los vecinos.

Al hablar de nacimientos de ríos hay que hacer referencia obligada al del Segura, en Pontones, en el remoto corazón de Segura, otra zona de belleza extraordinaria. Allí, en pleno mes de enero, el alcalde, Pascual González, se extrañaba de que no hubiera recuperado a lo largo del otoño su habitual estampa de una fuente que brota de una gran poza, una cueva sumergida, de aguas cristalinas. Las primeras nieves del invierno daban esperanza de que renaciera y así lo ha hecho. En las últimas imágenes, las aguas turquesas brillan entre el manto de nieve que cubre el paraje.

En Mágina también comparten la alegría que ha regalado este mes de agua. Allí, en Bedmar, presumen de uno de los parajes más singulares de Andalucía, el Adelfal de Cuadros. Para descubrir el bien que han hecho las últimas lluvias solo hay que comparar una imagen de hace unas semanas y las que brinda hoy este paraje. El agua invade cada rincón y multiplica su belleza. Sin duda, un atractivo de indispensable visita para estos días de Semana Santa que empiezan.

Y el listado de rincones en los que el milagro del agua es una realidad no termina. Buenos ejemplos son también la Vinatera de Hinojares, la Cueva del Agua de Poyo Tello en Santiago-Pontones y el Ojo de Buey de la Fuente de la Peña en Jaén. Todos con un aspecto excepcional en este marzo lluvioso. Y el espectáculo del agua sigue. La previsión trae más precipitaciones para hoy, en algunos rincones de la provincia, como Cazorla, más de 20 litros por metro cuadrado.