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viernes, 16 noviembre 2018
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URGENTE

El imparable descalabro poblacional de las aldeas

El número de vecinos de los núcleos no para de caer desde hace años y ya se encuentra por debajo de 5.000
  • EN DECADENCIA. Imagen de la aldea de Peñas de Majalcorón, situada a más de 1.100 metros de altitud.
    EN DECADENCIA. Imagen de la aldea de Peñas de Majalcorón, situada a más de 1.100 metros de altitud.

Hubo un tiempo, hace más de medio siglo, en que, de los alrededor de 30.000 habitantes que llegó a tener Alcalá, dos tercio, es decir, en torno a 20.000, pertenecían a las aldeas. Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), a 1 de enero de 2017, constatan el imparable declive demográfico de las pedanías. Así lo evidencia que entonces la suma de todos los vecinos de las áreas rurales no llegaba a 5.000 personas, lo que supone que ya no representaban ni siquiera una cuarta parte de los 21.758 empadronados en el municipio —de los cuales 16.897 se hallaban domiciliados en el casco urbano—.

Solo algunas aldeas ganaron población, aunque todas estaban por debajo de 1.000 habitantes. A 1 de enero de 2017 Santa Ana tenía 992, 4 más que un año antes; La Rábita 752, con una caída de 6; Mures 676, con un repunte de 13; Ermita 605, con un aumento de 4; Charilla 398, con una pérdida de 8; Ribera Alta 299, con una bajada de 18; La Pedriza 265, con un descenso de 13; Las Grajeras 153, con una ganancia de 3; La Hortichuela 152, con una disminución de cuatro; Fuente Álamo y Venta de los Agramaderos 150, respectivamente, con un avance de 3 y un retroceso de 18; Ribera Baja, 104, con un aumento de 2; Villalobos 85, con un decremento de 8; Las Caserías 84, con una reducción de 3; Puertollano se mantuvo en 39; San José de la Rábita se dejó dos hasta acabar en 36, y Peñas de Majalcorón cedió 5 y se quedó en 26. Particular es el caso de Fuente del Rey, donde hay una pujante urbanización que, con 187 empadronados, alcanzó su máximo en años.

La decadencia poblacional, acompañada de un marcado envejecimiento, pone al borde de la desaparición a algunos núcleos, como Peñas de Majalcorón. La sangría rural refleja, como certifica el INE, que en menos de una década casi todas las aldeas han perdido más del 10% de su censo. Prolifera la existencia de casas y cortijos vacíos pese al mantenimiento de servicios como los consultorios y los centros sociales y a programas de apoyo al empleo como el PFEA, heredero del antiguo PER —que reparte cientos de peonadas cada ejercicio—. La disminución en el número de niños se traduce, igualmente, en menor ocupación de las escuelas rurales que acabaron por cerrar en La Hortichuela. Como nota anecdótica, pero significativa, algunos pedáneos residen fuera de su aldea, generalmente en Alcalá la Real.