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domingo, 23 septiembre 2018
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URGENTE

Una imagen milenaria en Mogón

El pastor Pablo Espinar practica el inmemorial oficio de la trashumancia con un rebaño ovino de 1.300 cabezas
  • TRADICIÓN. Dos niños contribuyen en el oficio trashumante del pastor Pablo Espinar, que dirige un amplio rebaño desde la Sierra de Las Villas hasta Sierra Morena y viceversa.
    TRADICIÓN. Dos niños contribuyen en el oficio trashumante del pastor Pablo Espinar, que dirige un amplio rebaño desde la Sierra de Las Villas hasta Sierra Morena y viceversa.

El oficio de la trashumancia, de orígenes inmemoriales, aún se mantiene, hoy en día, fiel a la tradición milenaria. Y lo hace gracias a la labor de Pablo Espinar, el único pastor de la comarca de la Sierra de Las Villas que todavía realiza esta actividad. Durante estos días vuelve a casa, procedente de Sierra Morena, guiando a las casi mil trescientas cabezas de ganado, en su mayoría ovejas y algunas cabras y vacas, que forman parte de su rebaño. Así, de la misma manera que un sinfín de ganaderos ya hicieran antes que él, su cometido es trasladar a sus animales desde su origen, los montes del este de la provincia, hasta Sierra Morena, en el otro extremo del mapa de Jaén, en busca de mejores pastos y de unas temperaturas más suaves.

De esta manera, una vez superado el crudo invierno jiennense, realiza el camino contrario para regresar al Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas. Durante su larga travesía por el “mar de olivos”, que tiene como duración ocho días, el rebaño de ovejas de Pablo Espinar discurre por las calles de Mogón, pedanía del municipio de Villacarrillo. Se trata de un paseo a través de puentes y espacios que ofrecen estampas únicas. Y es que la trashumancia es uno de los momentos más esperados por los vecinos de este núcleo de población. Sin toda, todo un curioso y singular espectáculo visual, tan propio de la tierra jiennense.

Estos tradicionales trayectos del pastor con su amplio rebaño de ganado ovino resultan cada vez más dificultosos, debido, según manifiesta el propio Espinar, “a las apropiaciones indebidas” que se producen de la Cañada Real. Una situación que hace que el histórico camino se estreche, año tras año.

El “ovejero” no va solo, ya que le acompaña parte de su familia, incluidos los más pequeños, quienes también colaboran con las muchas tareas de índole logística que son precisas para llevar a cabo una travesía que siempre resulta ser larga y muy dura. No en vano, este año, la lluvia le ha acompañado más de lo deseado en forma de tormentas. A pesar de todo, tal y como el pastor comenta, “no es mal año por mucho que llueva”.