Actualizado
sábado, 15 junio 2019
13:49
h
URGENTE

Luis llega de los primeros a la clase de hoy en el Módulo 1. En uno de sus brazos este recluso luce un tatuaje, que luce con orgullo: “Madre, no te merezco, pero te necesito”. Rápidamente, coge una silla y, con una agilidad casi felina, la coloca en la fila delantera. Allí estará muy cerca de Juan Espejo, el director de este periódico, que visita la cárcel para conocer de cerca cómo se desarrolla el Programa Prensa-Escuela entre los muros cerrados del Centro Penitenciario de Jaén. El periódico es una las pocas ventanas abiertas al mundo que tienen los más de 700 internos de la prisión jiennense. Por eso, hay interés en saber cómo funciona, cómo se hace o quién lo escribe. La conferencia todavía no ha empezado y una de las maestras del Centro de Educación Permanente Antonio Muñoz Molina —“La Escuela” de la cárcel— ha hecho un gesto a varios de los alumnos para que guarden silencio y adopten una postura correcta a la hora de sentarse: “La disciplina es importante para hacernos respetar. Te digo que funciona”, asegura Guadalupe, la jefa de estudios del centro, una maestra veterana en la enseñanza a los reclusos.

Ella, Lola, Aurora, Aurelia, Irene y Luisa forman el equipo docente. Actualmente, imparten clase a unos 260 alumnos, aunque cada curso pasan por sus aulas más de 500. Hay muchos que lo intentan, que abandonan y que, después, se reenganchan. Otros que son trasladados o que, simplemente, recobran su bien más preciado. “Lógicamente, este proceso de aprendizaje tiene una dificultad añadida”, explica la jefa de estudios. Los internos que quieren ir a la escuela deben aceptar unas normas de comportamiento que ellos mismos se autoimponen. El que no las cumpla se juega la expulsión. El aprendizaje es voluntario. Nadie está obligado a ir a clase, pero el que acude lo hace con todas las consecuencias.

El alumnado está estructurado en 17 grupos, según el nivel de formación y su calificación penitenciaria. La mayoría cursa estudios de “adquisición de técnicas e instrumentos básicos”. El tecnicismo se refiere al nivel educativo más bajo, en el que casi hay que enseñarles las letras del alfabeto una a una. Hay otros sesenta reclusos que, este año, se han preparado el examen para obtener su título de Enseñanza Obligatoria Secundaria (ESO). Además, el Centro de Educación Permanente Antonio Muñoz Molina desarrolla líneas transversales de educación en valores para trabajar con los internos aspectos relacionados con la convivencia y con su futura reinserción en la sociedad.

Es aquí donde el periódico cobra especial protagonismo. El diario es un actor principal en la vida diaria del Centro Penitenciario de Jaén. Llega todos los días y está a disposición de los reclusos que, literalmente, lo “devoran” cada mañana. Además, supone también una herramienta educativa de primer orden. El ejemplo está en el mural confeccionado por los asistentes al taller de igualdad, impartido por doña Aurelia. Con recortes de noticias publicadas por Diario JAÉN, los internos aprenden de sus errores y de los buenos ejemplos que tienen a su lado: “Tiramos todo lo malo”, puede leerse en uno de los paneles, que está expuesto en el pasillo del Módulo 1.

Son las diez y diez de la mañana y comienza la primera charla de las dos que ofreció Juan Espejo a más de 170 reclusos, divididos en dos grupos. Un funcionario de seguridad acompaña al visitante en todo momento y vela para que todo se desarrolle con normalidad en esta clase que bucea en las entrañas del periodismo. El director del periódico les enseñó algunos de los elementos que llevaba en la “maleta viajera”, como una máquina de escribir portátil, un teléfono fijo antiguo o una cámara de fotos de placa. También mostró cómo se hacía el trabajo en los primeros años del rotativo, o cómo se da color a las páginas del periódico. Fomentó la participación de los internos a través de continuas preguntas y les mostró fotografías antiguas que se guardan en el archivo, como los primeros Land Rover que fabricó Santana Motor, las caras de Bélmez y el accidente de autobús de Bailén en el que fallecieron casi 30 personas hace 23 años. A más de uno se le escapa una sonrisa cuando ve la imagen con el paisaje del mar de olivos, ese que es tan común para las gentes de esta provincia y que tanto se añora cuando no se puede disfrutar de él.

Tras la primera charla a los reclusos de los Módulos 1 y 2, es el turno de los internos del Módulo de Respeto. Es un grupo más pequeño, por lo que la conferencia se desarrolla en el salón de actos del área de socio-cultural. Aquí ya pueden acudir las mujeres, por lo que las maestras recuerdan las normas: “Las parejas, a la primera fila para que podamos verlas”, dice una de las docentes. Uno de los reclusos contempla ensimismado a Juan Espejo cuando explica cómo se consigue dar color al periódico: “Es que yo trabajé en una imprenta”, dice con satisfacción.

La charla toca a su fin. Las cuatro horas han pasado “volando” para todos. La clase ha sido diferente, pero todos aprenden. A modo de agradecimiento, los reclusos regalan al director de Diario JAÉN y al periodista que firma esta crónica una “Menina”, una figura de cerámica hecha con sus propias manos y que representa, entre otros muchos aspectos, la lucha por la igualdad. Hay otro obsequio más, tan humilde como simbólico: una simple carpeta, en la que se guardan una libreta, un lápiz y una goma de borrar. Es el material que reciben todos y cada uno de los internos del Centro Penitenciario de Jaén que deciden acudir a “La Escuela”. Son objetos cotidianos que para muchos supone una ventana que les permite asomarse al mundo exterior.