Actualizado
domingo, 26 mayo 2019
17:45
h
URGENTE

El Silencio se hace eco en la capital del Santo Reino

Humildad y Silencio trasladan a la ciudad al medievo en una de las noches más solemnes de la Pasión

La campana del muñidor es la única que rompe el riguroso silencio de Martes Santo. Una tarde compuesta por marchas y saetas da paso al recogimiento y reflexión propia de una hermandad que lleva a las calles de Jaén la pulcritud de un sentimiento que permanece en el fuero interno de sus hermanos penitentes durante todo el recorrido procesional.

Voto de silencio momentos previos a la apertura de puertas de Cristo Rey. Quienes alumbrarán el discurrir del Santísimo Cristo de la Humildad se hallaban unidos por una cadena infinita, en la que cualquier alma, ávida de acompañar al crucificado de Cristo Rey, podría encontrar lugar. No obstante, y como no podía ser de otra manera, la trasera del paso del Cristo fue congregando adeptos que aumentaron en número conforme ganaba terreno en su transcurrir por la capital del Santo Reino.

La estrecha calle de San Carlos acogía multitud de personas que prefirieron vivir la Semana Santa desde el Silencio. Una salida un tanto laboriosa esperaba al paso del Cristo. El dintel de la puerta lateral de Cristo Rey obligó a que el cuerpo a tierra cobrarse vida, en pos de salvar el umbral bajo el que el Santísimo Cristo de la Humildad se hacía notar desde las oscuras entrañas de Cristo Rey. Quedaba a la espera María Santísima Madre de Dios en el interior del templo, mientras sus lágrimas discurrían por su bello rostro que el pueblo de Jaén anhela ver procesionando por sus calles.

Cae la noche en la capital. El silencio inunda las calles, pero a su paso, las mismas se iluminan con una larga cadena de penitentes unidos por una misma razón. Los incontables puntos de luz que alumbran al Crucificado conforman una bella hilera que embelesa todas las miradas que se depositan sobre la comitiva. Plaza de los Jardinillos constituyó el preámbulo de uno de los momentos emblemáticos que Humildad y Silencio regaló a las memorias cofrades de la capital. La calle San Clemente esperaba aquel momento, que ocurriría 60 años atrás por primera y única vez, tras la caída de la plácida noche del Martes Santo.

El Convento de las Esclavas del Santísimo abría sus puertas para venerar al Santísimo. Penitentes y paisanos mostraron sus respetos en una estación que llamó a un silencio riguroso, mantenido durante el discurrir íntegro de la hermandad. La cuadrilla del Santísimo Cristo de la Humildad y Silencio hacía revirar un paso cuyo silencio embriagaba de fervor a quienes presenciaban un instante de entrega al Santísimo. Parecía proceder directamente del cielo. Cantos interpretados por las Esclavas del Santísimo redondeaban la invitación a la oración. Alguna que otra lágrima brotó de entre los presentes que fueron partícipes de un instante histórico en el martes de Pasión.

Es de destacar el extenso cortejo que parecía emanar de los mismos adentros de un monasterio. Una comitiva serpenteante se desplegaba desde el Convento de San Clemente, pasando por plaza Dean Mazas, que llegaba a una intermedia Carrera Oficial que se deshizo con el apagado de luces y el silencio sepulcral. Sublime estampa presentaba el transcurrir de Humildad y Silencio, culminado con la Santa Iglesia Catedral de fondo. El medievo se hizo con el Jaén coetáneo, se unieron de una forma perfecta para dejar paso a una de las noches de mayor recogimiento y solemnidad en la ciudad, al tiempo que sobrecogía las almas de sus testigos. Una saeta quiso romper por unos momentos el silencio sepulcral para formar parte del hechizo que caía sobre la capital del Santo Reino.

Mientras la noche se hacía más oscura, el Cristo seguía su paso, con sus características flores de tonos violáceos que embellecían aún más, si cabe, la estampa y el paso del crucificado de Cristo Rey y que ayudaban a llenar de emoción uno de los momentos cumbres de la Semana Santa de la ciudad. Inolvidable noche para los jiennenses que quisieron acompañar y apoyar a una imagen histórica y que cuenta con un gran fervor dentro de la ciudad.

Oscuridad absoluta envolvía al Silencio en su regreso a Cristo Rey. El Cristo reunía bajo su abrigo a sus paisanos devotos que vivieron profundamente, durante el camino, el mensaje de Jesús. Una noche de contrastes dejaba el Martes Santo con cita obligada con la hermanad, que daba inicio a su transcurrir, con un sonido muy característico, inperceptible salvo por la campana del muñidor.