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jueves, 23 mayo 2019
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URGENTE

“No existe diferencia de género en cuanto al machismo”

Cristina Villanueva
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Nacida en Barcelona, pero con raíces en Sierra Mágina, concretamente en Cambil, la presentadora visita su tierra siempre que el trabajo se lo permite. El mes de mayo vendrá a Jaén para presentar su libro ante un público muy familiar y cercano

Justo una semana después del histórico 8M, el feminismo no deja de ser un tema de actualidad y, según Cristina Villanueva, “no debe decaer”. La periodista y presentadora de los informativos del fin de semana de La Sexta acaba de publicar su primer libro, “Desplegando velas”, en el que habla del feminismo desde una perspectiva íntima, con entrevistas a mujeres que han llegado muy alto en sus carreras y que sirve para mantener vivo el debate sobre el feminismo y cultivar el pensamiento crítico.

“Desplegando velas” es su primera incursión en el mundo de la literatura, ¿qué tal la experiencia? ¿Cuál ha sido la parte del proceso que más le ha costado?

—Ha sido un proceso muy largo. Para empezar, la idea se me ocurrió hace seis años, por entonces no existía la figura tan marcadas del feminismo en la sociedad como ahora, pero ya se hablaba del techo de cristal y de la irrupción de las mujeres en los puestos directivos donde creaban opinión pública. Por ello, pensé en entrevistar a mujeres que llegaron a lo más alto, a ver si esa percepción era generalizada o no. Comencé con el proyecto, luego paré, tuve a mi otra hija y la idea se quedó en un cajón. La verdad es que profesionalmente me sentía estancada, estaba en una crisis personal, llamémosla así. Así que me planteé que a lo mejor no era cosa mía, sino que iba más allá. Ahí surgió el libro. Son reflexiones compartidas con mujeres, de conversaciones de estar atascada, de no avanzar. El libro trata de poner nombres a todas esas etiquetas invisibles que existen. No es solo el problema del techo de cristal, también está la culpa. Nos sentimos culpables de ir a trabajar y dejar a los hijos o de dejar el trabajo por estar con los hijos, porque se nos han puesto muchas etiquetas externas, como madre, como esposa o hija. Sin embargo, no se nos ha definido a través de nuestros propios sueños, que son esenciales. De hecho, los hombres que aman a las mujeres son los que aman sus sueños. Ellos son importantes en el proceso y en el feminismo, es un trabajo compartido.

Lograr la igualdad es una responsabilidad mutua, ¿verdad?

—Sí, hablamos de corresponsabilidad. Hay hombres que se creen muy feministas porque hacen la compra o llevan a los hijos al colegio, pero no se trata solo de eso. Él ama a la mujer con sus sueños y la empuja y la acompaña para lograrlos. Eso quiere decir que a veces se sacrifica en sus horarios, incluso en sus aspiraciones profesionales, por la mujer. Actualmente existe un cambio de modelo que no hemos experimentado hasta ahora. Por eso, tenemos que estar todos. Una mujer sola no puede cambiarlo, son modelos y roles aprendidos por todos. El machismo es tanto de mujeres como de hombres, no hay diferencia de género en cuanto a eso. Se trata de la educación patriarcal, provenimos de una cultura ya aprendida, con los “role models” que son difíciles de cambiar y requieren de muchos años de aprendizaje para una evolución real generacional. Ahora es cuando se hacen conscientes. El libro va, precisamente, de crear conciencia, de poner etiquetas. Vamos a pensar cómo hemos sido educadas, cómo somos. Todo ello desde una perspectiva muy personal. Al fin y al cabo, es mi historia el hilo conductor de la novela, la que conozco bien, el punto de partida es desde mi verdad. Nada de lo que se cuenta está novelado, es real, en primera persona.

¿Cómo ha sido la experiencia de “abrirse” en las páginas del libro como periodista y mujer?

—Eso fue lo peor. Al principio te colocas frente a ordenador, escribes cómo te sientes, es como un ejercicio personal en el que exteriorizar la rabia. Pensé que ahí se iba a quedar, pero luego vinieron las entrevistas y fusioné ambos textos. Era un reto personal y para mí lo más difícil ha sido hacerlo público, que me hagan entrevistas como esta. La gente me comenta que ya lo ha leído o que lo tiene en casa y que pronto lo leerá, y yo pienso: “Da igual, no lo leas”. Me está costando superar esa “apertura”. Realmente es un libro muy sincero, por ello me da cierto pudor, respeto y un poco de vértigo pensar que lo va a leer la gente, pero, por otro, con el corazón partido, me encantaría que fuera un éxito, que inspire a mujeres y hombres, que ellos también se inspiren. Es una mezcla de sensaciones.

Respecto a esas etiquetas invisibles, ¿hablamos también de temas que se han tratado como tabú?

—Así es. Cuando empecé con el libro, mi hija mayor tenía dos años, por lo que en mi trabajo soy de las más veteranas sobre la maternidad, ya que fui de las primeras en tener hijos. Después, mis compañeras se quedaron embarazadas y yo les decía: “Cuando des a luz, tú llámame y te entenderé. A veces la maternidad es solitaria”. Y al reincorporarse venían y me decían: “¡Cómo lo sabías!”. Era un tema tabú, hace seis años nadie hablaba de eso. Tenemos miedo de que nuestros hijos piensen que no les hemos querido, cuando no es así. Se puede hablar con tranquilidad y decir que sin hijos he sido muy feliz, está claro que tenemos que saber lo que conlleva una maternidad y una paternidad hoy en día. Es muchísimo más activa, es diferente a cómo se vivía antes. Es cierto que hay una renuncia total a las prioridades, lo que no puede convertirse en la renuncia a tus sueños. Las conocidas como “malas madres” es eso. Puedo ser madre y puedo cumplir mis sueños. Lo quiero todo y lo puedo conseguir. Para ello voy a renunciar a la perfección. Voy a priorizar lo que es importante. No hay que olvidar que la igualdad se nos vendió de una manera en la que nuestras madres habían conquistado las aulas y llegaron a la universidad. A nosotras, la siguiente generación, nos dijeron que estudiando y trabajando se conseguiría avanzar, y pensábamos que la igualdad estaba conseguida. Entonces, cuando esta generación llega, no lo hace del todo y se topa de golpe con el techo de cristal. Icíar Bollaín en el libro habla de “suelo pegajoso”, me parece un dibujo maravilloso. Porque tu carrera profesional va a buen ritmo, al principio despega de golpe, haces contactos, asciendes, y entonces se para todo. Ellos avanzan y tú, no. Dices, “ostras”, y crees que eres tú la culpable, pero no es así, lo que ocurre es que la igualdad real no existe todavía. Por ello hay que ponerle nombre y ser consciente de que estaba ahí para quitarnos esa mochila de culpa que cargamos.

Un hombre, Jordi Évole, ha sido el encargado de escribir el prólogo del libro, ¿por qué?

—Los hombres también tienen que estar en la lucha por la igualdad y el libro va, asimismo, dirigido a ellos. Existe el falso relato actual que interesa políticamente de que el feminismo excluye a los hombres. Surgen palabras como hembrismo y “feminazis”, confundimos términos en el debate. Hay que dejar claro que “feminazis” es un insulto a la humanidad, la palabra la están utilizando niños y niñas de 12 años que no han estudiado el nazismo en el colegio. Es un tema muy grave, pero estamos trivializando lo que fue el holocausto, sacando cosas de contexto. Lo contrario al machismo es el hembrismo, están jugando con palabras de manera torticera y de forma ideológica para crear un movimiento en contra del feminismo, de la igualdad de condiciones y oportunidades, un término que existe desde las mujeres sufragista.

Las mujeres protagonistas en el libro son directoras, presidentas, referentes en su sector. Pero, en su día a día, ¿qué mujeres le inspiran?

—El primer ejemplo de todas las mujeres es su madre, y la mía, lo que más me ha enseñado es que trabajando se consiguen las cosas. Es muy de nuestra tierra. Me decía: “Lo que tú quieras, lo vas a conseguir, trabájalo y lúchalo, sé tú misma, independiente, puedes estar con un hombre pero no dependas de él”. Eso por un lado, en mi carrera profesional son muchas las mujeres que me han inspirado. La primera fue Olga Viza, me precedió en el mundo deportivo, me gustaba su manera fresca de contar las cosas. Luego conocí a personas que trabajaron con ella y aumentaron el mito. Hay grandes mujeres en el mundo del periodismo.

¿“Desplegando velas” se presentará próximamente en Jaén?

—Sí, tengo que venir a mi tierra, me lo pide todo el mundo, ahí me quieren muchísimo. Quiero volver y que se me duerma la mano de tanto firmar. Antes presento en Madrid, luego Barcelona. Lo siento, Jaén es mi tercera opción, cuestión de agenda.

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