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sábado, 17 noviembre 2018
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URGENTE
Imagen FRANCISCO CASAS
Francisco Casas

Ya huele a azahar

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Una vez más ha cambiado la hora oficial y con ella también el tiempo, los días son limpios y luminosos, ya es primavera y hemos pasado su primera luna llena, que como es sabido señala la época de Pascua. Estas fechas todavía tienen un significado muy particular desde un punto de vista religioso para aquellos que son creyentes; en muchos lugares donde aún se respetan las costumbres de antaño y siguen vigentes las tradiciones heredadas desde tiempos pasados, suele ser el momento adecuado para rememorar experiencias muy arraigadas y que, además, son fuente inagotable de belleza y arte, recreados año tras año con devoción por el pueblo llano en sus calles y plazas.

Viajar por muchos lugares de España, contemplar e incluso vivir su Semana Santa es una forma de conocer el alma y la mente de gran parte de su gente. Aquellos que todavía son capaces de aceptar el barroquismo de los ritos, las formas de actuar no escritas y la liturgia que son parte integral de la idiosincrasia popular, disfrutan buscando en esos rincones únicos, los momentos irrepetibles en los que la efusión de los sentimientos religiosos crea una atmósfera mágica alrededor de un paso o trono con la imagen sacra, que es motivo de devoción y eje principal sobre el que arde la llama del fervor que mantiene y da sentido a la vida del cofrade. Esa es ahora la forma tradicional de vivir esta semana, que en oscuros tiempos pasados que ya no volverán, era sólo de penitencia.

Desde un punto de vista económico y social conviene mantener y potenciar esas celebraciones porque son fuente de trabajo para algunas ciudades y ocasión siempre rentable para recibir la visita de aquellos que están interesados en conocerlas. Por supuesto, que hay quienes pasan de ritos que consideran antiguallas que han de ser superadas y prefieren dedicar esos días a tomar el sol, si es que el tiempo da una tregua y lo permite, y así poder descansar en las playas, en el campo o haciendo turismo en otros lugares; costumbre que en mi modesta opinión también es muy de apreciar porque así también se purifica la mente y se relaja la tensión propia del duro trabajo de los largos días de invierno. Ahora, de vuelta ya de estos días de asueto hay que seguir adelante y retomar la rutina de la vida, cada cual en su pueblo o ciudad. Una vez más las noticias se repiten de forma monótona y todo parece que vuelve a girar en torno a la calamitosa realidad catalana: Tema tedioso por demás del que hoy no tengo intención de hablar porque tenemos la suerte de vivir en paz con nosotros mismos y con nuestro ambiente; estamos en abril y ahora florecen los naranjos en las calles y el intenso aroma del azahar inunda los corazones y exalta el sentido lúdico de la vida. Pasear por las calles cuando el azahar corona de blanco los árboles y alfombra de nieve las aceras es una experiencia placentera que merece la pena repetir hora tras hora, día tras día, porque cada momento te inunda de imágenes y sensaciones nuevas que una vez que las vives necesitas volver a sentir. Hay ciudades donde salir a la calle en estos días de comienzo de primavera es un lujo inapreciable que todos deberían poder gozar al menos una vez en la vida. Una de esas ciudades es Sevilla, donde he tenido el privilegio de pasear esta mañana, en la que por desgracia para muchos falta casi un año para que llegue la Semana Santa y, por suerte para todos, quedan solo unos pocos días para que comience la Feria de Abril; de modo que todo es esperanza y alegría todavía contenida porque ya a orillas del Guadalquivir huele a azahar y, por tanto ya, llega la Feria: Ese derroche de fantasía y ganas de vivir de un pueblo que es capaz de construir cada año un efímero y precioso enclave de majestuosa e irrepetible portada, alfombrado de albero y cuajado de pequeñas y coloridas casetas blancas, verdes y rojas en las que acoger a todos los que quieran darse una vuelta y disfrutar del embrujo de la ciudad más hermosa del planeta cuando los naranjos están en flor, la belleza a flor de piel y la alegría en los ojos de todos. Y quiero recordar a todos mis paisanos que la Casa Provincial de Jaén de Sevilla tiene caseta en el Real de la Feria. Nos vemos en la Feria.