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domingo, 23 septiembre 2018
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Juan Espejo González

“Y a ver los barcos venir, y a ver...”

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  • RÍO MADERA. Verbena única al cobijo de árboles centenarios.
    RÍO MADERA. Verbena única al cobijo de árboles centenarios.

Está fiestero el “señor Jota” y no le amarga un dulce de nunca, primero porque, ya saben, la vida son tres días y dos estamos enfadados o soportando al que manda y, también, porque al cuerpo hay que darle alegría, no sea que la somnolienta y aburridísima vida que quieren para nosotros se convierta en rutina de levantarse, trabajar y comer; no más que eso. Y no, que hay también que tirar cohetes y bailar, no nos cansemos nunca de bailar, mayormente la música de verbena, la de siempre, la de toda la vida ahora que los ritmos enlatados y metálicos, fusionados en aparatos ultra modernos se adentran en las plazas y los parques de los pueblos en cada feria y fiestas de guardar. ¡Maestro, tócate un pasodoble! le lanza a la orquesta cuando escucha una cumbia sublime: “Era la piragua de Guillermo Cubillos, era la piragua, era la piragua...” Hala, otro sorbo al cubata y más risas con los amigos. Así lleva agosto entero, no se puede quejar (ni se queja) que al “señor Jota” le va la marcha del abrazo que llena los pulmones, del encuentro inesperado y chispeante, el dejarse llevar, qué simpleza más bella, por la estampa de un atardecer inconmensurable frente a la letanía impostada, tan de moda hoy, de los abrazos que queman (por falsos) y los saludos vacuos y de sonrisa tonta (por aquello del qué dirán). Pero, quita, quita, se arrepiente de lo dicho, protagonismo ninguno para los ‘asaúras’, los innombrables ya tienen pedestal perenne de engolamiento el resto del año y la gloria del verano es para el baile y la música. ¡Que no pare la orquesta! ¡Que siga el conjunto animando la noche! ¡Alegría, alegría, alegría! Ya suenan los primeros acordes, los músicos le han hecho caso al “señor Jota”, ya se llena la pista, no hay nada que anime más una verbena que un buen pasodoble, las mesas se vacían, el caos de unos y otros danzando sin control tiene nombre de pasodoble, de letras inolvidables, de pellizcos al alma de la adolescencia y los primeros pisotones para coger el paso: “Ya han regresao de tierra extraña,/ ¡menudas ferias vamos a pasar!,/ que este verano s’han contratao/ en la caseta municipal /bailes y orquestas, grandes artistas./ De las penitas mejor ni hablar...” Carlos Cano, grande entre los grandes, inolvidable: “Y a ver los barcos venir, y a ver los barcos venir, y a ver los barcos pasar”, música y letra que se adentra por la piel en busca de ese momento puro de felicidad, que existe, búsquenlo, que el camino más corto, no tiene duda alguna el “señor Jota”, está en tus raíces, en tu pueblo, en la verbena; mismamente cuando ahí justo uno se deja llevar, se para el tiempo, suena la orquesta y la alegría dispara las entrañas. Se lanza el “señor Jota”, está lanzado este verano de pueblo en pueblo, al cobijo de la buena gente. Y ahora canta él: “Por eso se oye este refrán: (...)/ La gente canta con ardor:/ Que viva Jaén./ La vida tiene otro sabor, /y Jaén es la mejor”. ¡Y olé!