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domingo, 23 septiembre 2018
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José Gómez Marfil

Violencia escolar, ¿qué se hace?

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Me quedé atónito cuando escuché la noticia de que en los EE UU se estudiaba la posibilidad de armar al profesorado de los centros educativos, para acabar con las frecuentes masacres de alumnos y profesores, bajo el postulado de la Ley del Talión. Pero... en nuestros centros educativos, igual que los de la mayoría de países de nuestro entorno, lo que hacemos es identificar los hechos e intentar solucionar uno de los problemas universales de la sociedad actual: la violencia escolar (sin obviar el resto de problemas mundiales referidos al medio ambiente, a la desigualdad, al racismo y xenofobia, a la violencia de sobre la mujer...)

Ciñéndonos al ámbito educativo reconocemos que nuestra escuela sufre la denominada “violencia escolar” que nos ocupa y preocupa. La mayoría de tipos de violencia escolar que ocurren en nuestros centros son de sobra conocidos: acoso escolar, maltrato infantil, violencia de género, identidad de género, agresión al profesorado...

Relato tres hipotéticos casos sobre violencia escolar que nos sirva de guía en la argumentación: a) Un día, tres estudiantes solicitan reunirse con el orientador de un IES para hablar de un tema sumamente importante. El orientador los recibe con viso de preocupación por la sospecha de que detrás hay algo preocupante. Le dicen que una compañera está siendo acosada sexualmente a través del Wasaps por otro estudiante del centro b) El segundo día, se le presenta una alumna que está siendo maltratada por un familiar que la somete a continuos tocamientos de su cuerpo c) El tercer día, un alumno transexual se entrevista con él pidiéndole ayuda por la continua mofa de algunos de sus compañeros al no comprender su identidad sexual y verlo como un bicho raro.

Los tres problemas se han repetido en el tiempo y los afectados han decidido denunciarlos ahora. La respuesta educativa que la institución escolar debe dar, en cada caso, a las víctimas se recoge en un “protocolo de actuación” en los que los distintos agentes educativos tienen su rol. La eficacia, la eficiencia y la celeridad son los principios de actuación del director, del jefe de estudios, del orientador, del tutor o de cualquier profesor. La responsabilidad de poner en marcha el protocolo es indelegable, pertenece al director. La investigación se centra en: el esclarecimiento de los hechos (valiéndose de entrevistas, pruebas visuales y documentales) —respetando en todo momento la presunción de inocencia del acusado—, los fundamentos de derecho y la conclusión final. El director actúa de inmediato aplicando medidas sancionadoras a los acosadores y a la sazón eleva informe a otras instancias (Inspección Educativa, Titular Territorial de Educación, Servicios Sociales locales, Delegación de Igualdad y Fiscalía de Menores). Antes de estos casos, se ha trabajado en el Proyecto Educativo de Centro la “dimensión ética de la educación” que tiene como uno de sus objetivos el logro de un buen clima de convivencia y en el que las “acciones preventivas y formativas” juegan un papel fundamental.

Pero, ¿qué está pasando en la escuela actual? ¿Cómo se acaba con la violencia escolar? Sabemos que la Educación Formal no tiene la panacea para solucionar todos los problemas socioeducativos; y aunque los datos estadísticos siguen siendo implacables, no tanto por la cantidad de casos sino por el aumento, tampoco es aconsejable tener una actitud alarmista ante un problema grave. El énfasis debe ponerse en la adecuada aplicación de las medidas educativas y preventivas con la finalidad de intentar solucionarlo o al menos paliarlo.