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jueves, 20 septiembre 2018
20:37
h
URGENTE
Imagen javier morallon
Javier Morallón

Villa Arriba y Villa Abajo

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La crisis parece algo lejano, acabamos de superar a Italia en el PIB, las fanfarrias a la buena marcha de la economía y las inversiones públicas parecen sonar por las cuatro esquinas de la piel de toro, ¿seguro? Pues no, un buen trozo de la península permanece irreductible en su compromiso con la crisis. Esta zona conocida como provincia de Jaén observa de forma estoica el deambular de la riqueza y las oportunidades en su entorno presumiendo de una clase política indolente que ni se inmuta mientras esta bendita tierra se hunde en la miseria.

A falta de líderes mínimamente capaces el pueblo parece haber tomado la iniciativa y, por fin, dos plataformas “Jaén merece más” y “Todos a una por Linares” empiezan a canalizar el cabreo monumental de una tierra harta de que la insulten desde tiempos atávicos. Pudiera parecer que se comienza a construir algo susceptible de lograr objetivos concretos, pero como en otras tantas ocasiones las envidias, la estrechez de miras y las mezquindades entre hermanos no han tardado en aparecer. Las plataformas compiten entre ellas y ni siquiera buceando en la mierda somos capaces de ponernos de acuerdo para salir a flote. Soy de Jaén más que el lagarto de La Magdalena pero también disfruté de dos años trabajando en una de las instituciones más prestigiosas de Linares, el I.E.S. “Huarte de San Juan” e incluso tuve una novia muy querida de esa noble ciudad. Me precio de conocer la idiosincrasia de mis paisanos provinciales y no dudo de que compartimos anhelos e ilusiones. ¿Es posible que dejemos los localismos de lado y luchemos por el bien común? ¿Podemos dejar de hacerle el juego a los políticos y mostrarnos como un solo pueblo con una sola voz? ¿Cabe la esperanza de no dilapidar más energía en riñas de escalera que solo muestran nuestras vergüenzas provincianas? Jaén languidece fruto de un premeditado olvido por parte de todas las administraciones. Por favor, no intoxiquemos la justa indignación por la mediocridad de unos pocos.