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lunes, 25 septiembre 2017
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Juan Espejo González

Un brindis con pasodoble incluido

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  • GIGANTES Y CABEZUDOS. Bella estampa de siempre, los niños en las calles disfrutando, en este caso, en Fuensanta de Martos.
    GIGANTES Y CABEZUDOS. Bella estampa de siempre, los niños en las calles disfrutando, en este caso, en Fuensanta de Martos.

Canícula de agosto y Jaén se divide en tres grandes clanes, quienes trabajan y se escapan de fin de semana, quienes están de vacaciones y siguen Jaén a distancia por este su periódico y luego, finalmente, ni unos ni otros, o todos mezclados, porque ni se van ni se quedan; a la misma rutina de siempre porque la crisis desarmó miles de familias y sobrevivir es ya algo llamativo y generalmente con enormes quebraderos de cabeza. Clanes jaeneros que les relataba con base sociológica de andar por casa y con un denominador común, eso sí, estemos donde estemos, la feria del pueblo es la feria del pueblo y a la patrona hay que acompañarla. Puente de agosto de bochorno eterno y los gigantes y los cabezudos se dejan notar a lo largo y ancho de la geografía de un Santo Reino mariano y de anclaje mayúsculo en sus costumbres y tradiciones. Brindemos pues por el reencuentro con tu familia desparramada, con tus amigos de la infancia, con los vecinos que un día marcharon emigrados a otras tierras más prósperas y con esa plaza o esa calle grabada a fuego de ilusión y travesuras en una memoria que siempre guarda esos pasajes de la vida de uno tan significativos, cuando se aprende a ser pillo, cuando no se tienen obligaciones. Todo lo que rodea la Virgen de Agosto tiene tanto que ver con la memoria que nos sumamos a compartir esos bellos momentos en este tiempo de desazón y referéndum o de corruptelas y de miseria. No olvidamos a quienes nada tienen, tampoco familia ni raíces, pero les animamos a compartir todo lo bueno que atesora esta tierra con sus ferias, de Orcera hasta Jamilena, de Cabra del Santo Cristo a Santisteban del Puerto. Un brindis con pasodoble incluido, que un buen baile es el mejor escape a los problemas cotidianos. Me sumo a esa algarabía verbenera y solo apunto la desesperanza para no olvidar de dónde venimos y dónde estamos, pero vivamos a tope el puente de Agosto, con excesos y solo con una razonable moderación aquello que tanto bien le hace al alma, las pequeñas grandes cosas de la vida, ni más ni menos las que ustedes viven en su pueblo cada vez que van y especialmente, en las fiestas, cuando retornamos a la savia inconfundible de la niñez.