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miércoles, 19 septiembre 2018
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Ignacio Ruiz

Tributo a la tribu

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El pasado lunes 23, coincidiendo con el día mundial del libro, la sala Guadalquivir de la institución ferial fue el lugar elegido para darle la bienvenida al libro “Apache Forever”, escrito por la redactora jefa de Diario JAÉN, Manuela Rosa Jaenes. El diseño, maquetación, fotografía, junto con la claridad y fluidez de Manuela cuando se embala dándole a las teclas, han conformado una delicatesen que ha visto la luz en un tiempo récord. El libro, más que un compendio de fechas de los cuatro mil conciertos, es el tributo a un grupo de músicos que han paseado el nombre de Jaén por lo más alto. En él se habla de sus orígenes, de cómo firmaron su primer contrato con la CBS que se encargó hasta de ponerles el nombre. También cuenta cómo escalaron hasta el número uno y mil cosas más que no voy a seguir destripando para no hacer más “espoiler”. De los primeros componentes del mítico grupo quedan dos en activo; Luis Miguel Peláez –Luismi–, que es la voz del grupo, el artista atleta y sonrisa eterna, que como quedó demostrado en la presentación, no conoce el término medio, pues o está sonriendo o está llorando, porque buena mano de lagrimear se dio al verse rodeado de tantos amigos y recuerdos que fueron dándose cita.

El otro componente que queda del grupo inicial es Antonio Molinero –El Pollo–, es percusionista y posiblemente una figura imprescindible para que un grupo de artistas pueda “sobrevivir” cuarenta años. Es la persona que está al quite de cualquier tensión que pueda producirse entre individuos que se tiran tantísimas horas juntos en espacios reducidos, como puede ser el interior del autobús rulot, generando un halo de buen rollo a su alrededor que desintegra el mínimo conato de enfrentamiento; en definitiva, la persona ideal para tomarse una cerveza, aunque creo que si lo llamo para tomarnos una sola cerveza; para eso no sale. Antonio también es la cabeza del grupo, no por el volumen, que también, sino por la memoria prodigiosa con la que cuenta, acordándose absolutamente de todo; en definitiva, un personaje espectacular. Otro de los fundadores que ha vuelto al rebaño es Rogelio. Volvió por la puerta grande cuando lo llamaron sus excompañeros para pedirle que arreglara sus versiones para orquesta y que dirigiera el espectáculo “Apache Sinfónico”. El principal motivo por el que Rogelio dejó el grupo se llama Lucía, su hija, que a la vuelta de una de la giras por el norte de Europa, se escondió detrás de su madre porque “no sabía quién era ese hombre”.

Ese hecho le hizo pensar que en algo se estaba equivocando. Comenzó una frenética carrera por empaparse en aprender aquello que hacía intuitivamente y no sabía el porqué, es decir, aprender música de manera reglada en un conservatorio. Para mí, el mejor compositor que ha dado esta bendita tierra después de Juan Manuel de la Puente, maestro de capilla que tuvo nuestra catedral en el siglo XVIII; aunque también es cierto que de la Puente nació en Tomellosa (Guadalajara). El currículum es impresionante. Ha llevado la dirección del Coro del Rocío, Coral Cantoría, Coral Aída, Murga del Cigarrón; pasó por Lola Torres, tuna distrito y Almoraima. Actualmente dirige Celtipatía, el coro Ensemble Vocal Jazzi, director musical de Acrobalia y de Woman & Four. En su faceta de compositor de obras clásicas, su primera gran obra fue la “Misa breve en La menor”. Posteriormente, presentó el “Requiem Alfonso Duro in memoriam”. En sus ratos libres le ha quedado tiempo para presentarnos el 17 de mayo, en el Aula Magna de la Universidad, su nueva obra que en este caso es una sinfonía para orquesta y coro que se va a llamar “Vandelvira”. Para su presentación va a contar con una nueva formación cuyo nombre va a ser “Orquesta Sinfónica Vandelvira” y con el coro Ciudad de Jaén, dirigido por Ángel Luis Molina.

El problema que tiene este personaje es que se llama Rogelio Rojas Duro y ha nacido en la Alameda, si se llamase Roger Rogkas Dutros y hubiese nacido en San Petersburgo estaríamos hablando de otra cosa.