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lunes, 17 septiembre 2018
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Rafael Peralta

Tranvía: Bendita ilusión

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Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!, que una fontana fluía dentro de mi corazón... Al despertar, corrí al periódico con esa extraña sensación de que finalizaba el invierno y por fin llegaba la primavera. Y así es, la buena noticia hoy sale en la portada de este Diario JAÉN con los representantes de diferentes instituciones públicas escenificando el pacto por el tranvía con sus manos entrelazadas, tras siete años de parálisis. No resulta fácil, sin sonrojarse, explicar a un visitante de nuestra ciudad el motivo por el que una inversión como la del tranvía llevaba más de siete años aparcada en cocheras, incluso sin sentirse algo culpable. Una vez más hemos caído en la trampa de participar en un conflicto popular y, cómplices de unos y otros, defendíamos y justificábamos las decisiones de otros, como “hooligans” con los colores de su club. El pueblo desgarra la carnaza hábilmente colocada mientras otros se nutren de la rentabilidad económica de los espacios publicitarios en esos programas basura. El poner fin a unos de los capítulos más vergonzosos de la política municipal de las últimas décadas era un favor que nos debíamos, que nos debían.

No es sano fingir que el desorden sea el estado natural de las cosas. No es ejemplo de progreso de una colectividad imponer la autoridad sin contar con la opinión del vecino. No es inteligente justificar las decisiones de unos y otros con la expresión “y tú más”. No es coherente que se prioricen ambiciones individuales por encima del interés de la sociedad. No es justo que no nos inmutemos cuando nuestro sacrificio en forma de pago de impuestos se transforma en derroche cuando ese dinero pasa a ser público. No es saludable vivir en una pequeña ciudad y tener unos indicadores de calidad de aire similares a los de una gran urbe, y es de vagos coger el coche hasta para ir al baño. No es natural talar árboles a cambio de cuatro geranios y un manto de césped artificial, y no podemos olvidar lo que padecimos con tres años de obras, sin exigir resultados de prosperidad. Si pagamos los mismos impuestos que en el resto las ciudades, no es lógico que el Ayuntamiento de Jaén esté en una situación crítica de solvencia según la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, única en España junto a Jerez y Parla. Conociendo cómo está el patio y el saldo de caja, quiero felicitar y agradecer a los que han hecho posible este pacto, por haber conseguido aparcar las diferencias, mirar por la ciudad y desbloquear esta situación que tanto daño nos estaba haciendo. Ya se que es su obligación, que se deben a la ciudadanía, pero está bien que aplaudamos estos avances, que se sientan arropados por su valentía, que reconozcamos la difícil labor y casi siempre ingrata que es la política, y que animemos a seguir en esa línea. Que lo primero son las personas, no el siguiente escalón, y que cuándo dejen su sillón puedan tener la enorme satisfacción de lo que hicieron por Jaén y por sus gentes. A parte de dinero, necesitan fuerza, mucho aliento, y menos comentarios cargados de mala intención, porque aquí no queda la cosa, y esto debe ser sólo el principio. Queda mucho trabajo, son muchas las piezas que necesitan colocarse en este Tetris desordenado, en esta tierra olvidada, en esta vía muerta, en estos barrios sin futuro, en este puzle sin razón.

Anoche cuando dormía soñé, ¡bendita ilusión!, que una colmena tenía dentro de mi corazón; y las doradas abejas iban fabricando en él, con las amarguras viejas, blanca cera y dulce miel.