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lunes, 27 mayo 2019
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URGENTE
Imagen Lope Morales Arias
Lope Morales

Tercio de quites

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Acabadas las elecciones, a los de Vox se les estaba quedando la misma cara que a Rivera —me refiero a Rivera Ordóñez—, aquella tarde de la feria de San Isidro del 96, en la que Joselito y Ponce protagonizaron un memorable tercio de quites, alternándose ambos por verónicas, chicuelinas, navarras, saltilleras, delantales o tafalleras, sin invitar en ningún momento a participar al rondeño que, con el capote recogido, observaba desde el tercio el festival de sus dos compañeros de cartel. Su cara era un poema. Y es que a nadie le gusta ser convidado de piedra ni dentro ni fuera de las plazas de toros. Especialmente cuando se siente respaldado y con derecho a intervenir. Y más allá del postureo estratégico de cara a la galería y a los públicos de otros territorios fuera de la propia Andalucía —que es el ámbito político en el que deberíamos centrarnos—, poco sentido tiene ahora que unos se nieguen a sentarse con otros cuando los hemos votado a todos precisamente para que se sienten. Y no un día ni dos, sino cuatro años, que es lo que se supone que deben estar juntos —aunque no revueltos— si entienden el mensaje que el respetable público andaluz les ha mandado. Son nuestros representantes y no lo son por partes o por lotes. Ni el que vota sabe a quién han votado los demás, ni el elegido sabe quien lo eligió, por mucho que se lo quiera imaginar. El voto es secreto no solo para proteger al elector sino a los elegidos que se convierten en representantes de todos los andaluces, porque todos nos representan a todos, los hayamos votado o no. Y los hemos votado para que se sienten y para que hablen, discutan o acuerden, no en las cafeterías ni en la tele, ni en Madrid ni en Barcelona, sino en el propio Parlamento. Con luz y taquígrafos, en debates abiertos, reales, concretos y directos donde los periodistas se tienen que limitar a tomar notas y no a tomar partido. Eso no quita que los diputados hablen o dejen de hablarse en la calle. Que se lo pregunten a algún dirigente socialista de la tierra cuando cenaba en el parador de Jaén con aquellos pioneros del populismo, Ruiz Mateos o Jesús Gil. Éste último estuvo muy ocurrente cuando un periodista lo entrevistó a raíz de unos supuestos o inconfesables pactos que había realizado el PP con el GIL: “El PP me quiere como a las amantes, para estar en la cama sí, pero no para pasear juntos”. En este juego previo a formar gobierno es precisamente la exclusión de Vox y su reacción ante los quites pactados por PP y Cs, lo que marcará la agenda. Está por ver si, como hiciera Rivera Ordóñez, se conformará resignado viendo la forma de mover sus capotes los demás o, como más bien parece, se lance a los medios a torear por naturales o por afarolados. El farol, que es un pase en el que el capote o la muleta se mueven por encima de la cabeza, podrá gustar más o podrá gustar menos, pero es tan legítimo como el toreo al natural. Es sabido en el mundo de los toros el uso del veto de las figuras a algunos toreros o toreras. Que se lo pregunten a Cristina Sánchez que lo tuvo que dejar. Pero lo de vetar al que te tiene que votar es ponerle banderillas negras a un toro que se te puede arrancar. Algo que no gustaría demasiado a parte de la ciudadanía. Sea como sea, lo que ha quedado claro es que los mano a mano bipartidistas hoy por hoy no son del gusto del personal.