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lunes, 19 noviembre 2018
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URGENTE
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María Dolores Rodríguez

San Jorge

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Año tras año San Jorge nos trae siempre libros. No se olvida, es puntual y educado. Algo muy de agradecer. Desde que el maestro de maestros, nuestro muy hidalgo caballero don Miguel de Cervantes diera a luz el mítico Quijote, el mundo dio un vuelco. Se mostró con otros colores. Aunque el número copioso de analfabetismo era muy elevado, no fue pretexto para que corriera como la pólvora, de boca en boca, la historia que a todos entretenía y deleitaba. La gente humilde se reunía en corrillos en sus corralas de vecindad mientras el más aventajado, que sabía unir letra con letra, iba desgranando la historia maravillosa de ese caballero andante. Debió ser bonita la estampa. El mundo corría y se fueron allanando caminos áridos en la vida del pobre, cada vez se quería saber más. El descubrimiento de la imprenta sembró de aromas y luz el pensamiento humano, un río de obras alumbró nuestro horizonte patrio, cada vez los pasos eran más largos, más lúcidos y se aprendía con más rapidez. ¿Qué haríamos sin los libros? ¿En qué oscuridad no estaríamos sumidos si la sapiencia y el ingenio de esos pocos, no hubiesen roto barreras y tendido la mano a otros pocos, sin advertirlo, por medio de sus libros?