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jueves, 20 septiembre 2018
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URGENTE
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Ignacio Ruiz

Pósito o despropósito

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La Plaza del Pósito era camino de salida de las murallas por la puerta de la Plaza de Santa María. Debe su nombre al gran edificio que la presidía y que servía como depósito de cereal municipal cuya función consistía en el almacenamiento del grano para tratar de estabilizar el precio. El hermosísimo edificio se pensó en rehabilitarlo en 1916, pero finalmente fue comprado por un particular para su demolición y construcción de viviendas, aunque se consiguió salvar su fachada colocándola en la puerta de acceso al museo provincial de Jaén. La plaza contaba con un rollo coronado por una bola de piedra y cruz de hierro. Los rollos eran signo de jurisdicción y lugar de exposición de los cuerpos descuartizados de los ajusticiados para que sirviesen de escarnio, usándose a la par como lugar de ajusticiamiento. Los dos últimos rollos que tuvo Jaén se encontraban en la mencionada Plaza del Pósito y en la Plaza de Belén. En esta última es donde tuvo lugar el último ajusticiamiento público en 1897, ejecutándose a un parricida a garrote vil ante miles de personas. Por esa función y por la presencia cercana de la Casa de la Tafurería (juego), surgió la leyenda de “La Cruz del Pósito”. En ella se narra que un jugador, Gil Pérez de Osorio, tras asesinar a su esposa doña Beatriz de Uceda por no entregarle sus joyas para jugárselas, es muerto por don Lope de Haro, caballero vengador de ella enamorado y según la leyenda, convertido a fraile en el cercano convento de San Francisco; tras su muerte, cuentan que se escucha por las noches a un fantasma en pena rezando frente a la cruz por su sangrienta hazaña. Dicho rollo fue sustituido en 1970 por una columna hallada entre los restos del desaparecido Convento de Santa María de los Ángeles. Hoy día, el rollo aún mantiene del original la bola y cruz de hierro. Justo detrás, separada por el edificio de la clínica de los Palma, se encuentra la Plaza Deán Mazas. Es la plaza situada detrás de la Delegación de Hacienda. Precisamente este feísimo edificio es el que dividió en dos la Plaza Mayor que tuvo Jaén en los siglos XVI y XVII, que se llamó Plaza del Mercado del Arrabal o Plaza de los Jardincillos, presentándose en su día un gran proyecto cuyo diseño incluía soportales en todo su alrededor, siendo colocados solo en el Palacio de los Vilches, que es el que actualmente alberga la sede del BBV. Cuentan que Hacienda se mandó construir por venganzas políticas para fastidiar el lugar de privilegio que presentaba la fachada de la clínica de los Palma, (actualmente clínica de la Inmaculada), ya que su propietario, Fermín Palma García, fue alcalde y presidente de la Diputación entre 1923-31, un político independiente y querido que incomodaba a los grandes partidos. Como vemos, estas plazas que se encuentran hoy en día en el candelero, ya traen historias de amaños políticos y de muertes. Pensemos antes de opinar, que los alrededores de la Catedral tienen que ser cuidados, protegidos y adecentados si queremos sacarle provecho a la joya de la que somos poseedores y no tenemos ni la habilidad ni la astucia como para ponerla en valor. Recordemos el lío que se armó con la tala que por motivos de seguridad se hizo de los álamos que se encontraban en el Pósito. Poco menos que fusilan al responsable de jardines, no acordándose nadie ahora, ya que por esta serendipia, la plaza ganó infinitamente al quedar a la vista el Palacio de la Diputación. También tengamos en cuenta que aunque no se intervenga en esta plaza a nivel global, bien podían hacer una pequeña adaptación para que fuese accesible, ya que es uno de los pocos lugares céntricos en los que una persona con silla de ruedas no puede disfrutar. Por parte de los colectivos que aman Jaén, y por parte de sus políticos, que a veces dudo que la amen, deben de sentarse un poquito a hacer pleita, como dice mi suegro, y después de un rato, exponer conclusiones que lleven a un mismo fin que no es otro que adecentar y sacar del hoyo en que está sumido nuestro querido Jaén.