Actualizado
lunes, 20 mayo 2019
10:08
h
URGENTE
Imagen LUIS SALIDO Nueva
Luis Salido

Palabras más, palabras menos

Ver comentarios

Mark Zucherberg, cofundador de Facebook dijo en una ocasión que “ha habido momentos en la historia en los que una nueva tecnología ha transformado completamente la forma en la que vive y funciona nuestra sociedad” Ponía como ejemplos, la imprenta, la radio, la televisión, los móviles o el propio Internet. Y aunque todos somos conscientes de que el mundo se enfrenta a una revolución tecnológica sin precedentes, el hecho de que sea uno de los personajes que, aun siendo tan joven y en vida forma ya parte de la historia más reciente de la humanidad, nos hace cuestionarnos hacia dónde nos dirigimos y más aún, a qué velocidad lo hacemos. En nuestro peregrinar con la tecnología como compañera de viaje hacia donde muy pocos saben, hemos asumido como actores pasivos nuestro papel de marionetas en un teatro en el que los títeres bailamos al son de Jefes de Estado, líderes de organizaciones mundiales y reducidos grupos de empresarios que ponen cara y ojos a otros “cerebros” que entre bambalinas, toman las decisiones de ponerle raíles al tren de la revolución digital por ellos iniciada y que está alterando radicalmente nuestra forma de trabajar, de relacionarnos y de vivir.

Nunca anteriormente la palabra transformación había cobrado tanto protagonismo. La razón es simple y compleja a la vez. Simple porque se basa en la realidad de que miles de millones de personas estamos conectadas a través de dispositivos móviles, con una facilidad sin precedentes de acceso a la información; y compleja porque está sustentada sobre la base de la vertiginosa velocidad a la que está sucediendo, de la profundidad y amplitud de las industrias a las que afecta y del alcance de la misma. Con la propagación del acceso a internet por una estrategia de precios bajos a cambio de datos (de nuestros datos) se ha conseguido democratizar el uso de la tecnología, que de la mano de potentes software, de inteligencia artificial y de algoritmos está digitalizando los comportamientos de instituciones, empresas y nuestros propios hábitos como personas que vivimos en sociedad y que estamos trasladando a la red gran parte de nuestras actuaciones cotidianas, hasta el punto de estar consiguiendo, más rápido de lo que pensamos, deshumanizar nuestra relaciones. Verán, sucedía el pasado Jueves Santo cuando de camino a pasar un fin de semana tranquilo en familia, una de las personas que viajaba en el coche trataba de resolver un contratiempo surgido. El método para comunicarse con su interlocutor, que al igual que esta persona tenía todo el interés en resolver el tema de la mejor y más rápida forma posible, era a través de whatsapp, que comenzaron siendo escritos y breves y terminaron siendo de voz y extensos. Tras casi 15 minutos de intercambio secuenciado de mensajes, alguien de entre los ocupantes del

vehículo, le sugirió un escueto “¿por qué no le llamas y acabáis antes?” Dicho y hecho. Una serena conversación de cinco minutos bastó para conseguir resolver una situación con una creativa propuesta que surgió de la naturalidad y de la espontaneidad. Variables éstas, que la falta de contexto, la ausencia de cobertura o la frialdad de un texto vacío de expresividad no contemplan. Aunque existe una amplia corriente de pensamiento que asocia el desarrollo de la tecnología con la deshumanización, al amparo de que entorpece las relaciones consiguiendo aislar y alienar a las personas, un servidor opina que el problema está en el uso que se haga de la misma, o quizás en el mal uso, o tal vez en el abuso, pero nunca en la tecnología en sí misma. Mucho se ha escrito sobre el particular, es inherente al ser humano, y ahora en plena revolución tecnológica pareciera que la escasa transparencia en el uso de los datos de las personas, en definitiva, de nuestra privacidad, que hacen las grandes corporaciones, estuviera íntimamente relacionada con la manipulación de la cultura de masas que en otras épocas llevara a procesos de deshumanización. Automatización y comunicación deben ir de la mano. Mi recomendación amigos lectores: más conversación y menos whatsapp, que además sale más rentable.