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viernes, 16 noviembre 2018
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URGENTE
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Javier Morallón

Opositar en España

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Este fin de semana comienzan las oposiciones a profesor de Secundaria. Un drama al que no soy ajeno ya que he sido opositor y preparador. Las motivaciones varían entre la sincera vocación o buscar el único refugio posible para salvaguardar la dignidad de los maltratados licenciados. Este año, 32.000 opositores compiten, solo en Andalucía, por una plaza que la mayoría no conseguirá.

Describir la tragedia personal que supone enfrentarse a un reto así está lejos del objetivo de este artículo. Resulta imposible evidenciar, en pocas líneas, el esfuerzo, la ansiedad y frustración al que se enfrentan miles de personas. Miles de estudiantes que tras dejarse las pestañas en la universidad se ven obligados a aparcar su juventud y encerrarse durante años, entre ocho a diez horas diarias, para poder rellenar con un mínimo de solvencia un dudoso billete de lotería. Este breve retrato sirve para esbozar cualquiera de las oposiciones a las que se enfrentan los universitarios españoles. Universitarios que tendrán muy complicado reorientar sus vidas si al cabo de unos años desisten sin haber conseguido su objetivo.

¿Es necesario enfrentar a la élite intelectual de un país a esta catástrofe social? ¿Podrían hacerse las cosas de un modo diferente? Creo que sí, y el mejor ejemplo es medicina. En medicina la verdadera selección se hace antes de entrar en la facultad, de forma que todos los que terminen sus estudios saben que podrán ejercer en espera de la especialidad que les permita el MIR.

Opino que algo parecido sería más que necesario en la mayoría de las carreras. Con 18 años tienes margen y energía para reorientar tU vocación y objetivos vitales, con treinta y tantos y los codos pelados es más difícil.

Es obligación de los gobiernos redefinir y canalizar este esfuerzo sin sentido. El mayor valor de un país es su capital humano y dilapidarlo, como hace España, es un dispendio insoportable. Que un filólogo, un abogado o un ingeniero sean los que te atienden en ZARA es, sencillamente, trágico.