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miércoles, 12 diciembre 2018
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José Villar Casanova VICA

Maruchi

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Diciembre comenzó golpeando con dureza el corazón de muchas familias que sufrieron la pérdida de seres queridos casi a las puertas de la Navidad. Bastantes de las personas fallecidas en estos días estaban entrañablemente unidas a mí por fuertes lazos de una amistad forjada sólidamente a lo largo de muchos años. La última persona que nos dejó, con la que tenía un fuerte y fraternal lazo de amistad, fue Maruchi. Sí, se llamaba María Jesús Serrano López, pero ella fue siempre la sinigual Maruchi.

Fue una jovial mujer en cuyo corazón convivían la alegría, el buen humor, el cariño, la actividad incansable y las contagiosas ganas de vivir en continua actividad. Era la animadora en todas las reuniones de amigos. Un vivo retrato de su madre, Manoli, que fue también una mujer realmente admirable por su buen genio. Maruchi contrajo matrimonio en 1963 con Paco Barruz y formaron una envidiable familia con sus hijos Francisco, José María, Antonio y María Piedad, que se fue agrandando con la llegada de los nietos. Mi familia mantuvo, desde hace muchos años, una sólida y leal amistad con ellos. Compartimos fiestas, bodas, reuniones, viajes, comidas y cenas.

Paco y Maruchi fueron muy devotos de la Virgen del Rocío e, incluso, llegaron a ser hermanos mayores de la hermandad de Jaén. Con el paso de los años, nuestras reuniones fueron mermando, pero no el cariño. Las enfermedades salen de sus escondites y van haciendo mella en el ánimo de las gentes. Aunque ya apenas coincidíamos, nunca dejé de llamarles, de vez en cuando, por teléfono. Noté, por su voz, que la alegría y entusiasmo arrollador de Maruchi, se iba apagando. Aquella mujer que en sus tiempos daba clases de bailes populares, que saltaba de la silla cuando escuchaba unas sevillanas, que tenía siempre una broma a punto para levantar el ánimo a cualquiera, se marchitaba.

Maruchi falleció el pasado lunes dejando tras de sí una huella hermosa de amistad, de alegría, de optimismo, que nunca podremos olvidar quienes compartimos tantos de sus buenos momentos y de los menos buenos. En mi nombre y en el de toda mi familia envío un entrañable abrazo a mi amigo-hermano Paco Barruz y a sus hijos y nietos. Ellos saben que comparto su dolor y que, mientras viva, recordaré siempre a Maruchi con devoción y agradecimiento por los muchos buenos momentos que nos regaló.