Actualizado
viernes, 21 septiembre 2018
21:36
h
URGENTE
Imagen manuel_miguel_caparros_02
Manuel Miguel Caparrós

Libres de texto

Ver comentarios

La subida de la cuesta de enero, apenas comenzado el año, me ha producido una pájara mental importante: podría afirmar que estoy sumergido en un “dulce estado de enajenación mental transitoria”... (y no es amor). Analizando el año que dejamos atrás y, considerando lo que hemos acumulado en la mochila, me viene un torrente de ideas que, a modo de nebulosa, desembocan en un necesario reseteo de la energía de nuestros poderes públicos, deseablemente orientado a la meta de la excelencia. La autocrítica, necesaria para la reflexión colectiva, (como dijera mi admirado Pablo Iglesias), me lleva a pensar en el inmediato futuro de los niños y niñas que, viviendo —algunos de ell@s— en el umbral de la pobreza, necesitan seguir contando con el apoyo institucional que, por hallarse en tiempos vacacionales, no ha caído en la cuenta del hambre que produce no seguir contando con dos comidas al día (¡). Los estados fisiológicos no entienden de calendarios... desafortunadamente.

Bastaría más que esto para caer en la tentación de volver a los años de la crisis, en que todos fuimos un poco más pobres y aprendimos a apretarnos el cinturón. ¿Recuerdan los programas educativos dirigidos a alumnado dotándole de recursos TIC para acercarles al mundo digital?... Pronto llegó la triste noche en que la obsolescencia de recursos ralentizó su ritmo a medio gas por la ruta del conocimiento. El apoyo decidido a estas medidas (y mantenerlas vivas) debería figurar en una estrategia educativa que prevea los medios y capacitaciones suficientes (también humanos) que impidan arrastrar al fracaso a las presentes y futuras generaciones.

La cuesta pendiente del mes nos retrotrae a la campaña de matriculación de nuestros niños y niñas que iniciarán su acceso a los distintos niveles educativos. Sería deseable encontrarse con profesorado motivado, (dígase), mejor pagado y formado; equipamientos e infraestructuras de vanguardia; centros públicos, privados y concertados: una oferta en equidad para todos los perfiles de familia y de bolsillos. Y puestos a pedir, una oferta educativa de cheques-libro igualitaria, donde los libros de texto sean para la comunidad educativa... “libre de textos” y, para la Administración, parte de su plan estratégico.