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martes, 18 septiembre 2018
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José Gómez Marfil

Las palabras bondadosas

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Las palabras sienten como cualquier ser vivo, a las palabras hay que cuidarlas, mimarlas y quererlas. Tienen múltiples vidas, tantas como las personas que las utilizan. Siempre están pacientes esperando que las usemos adecuadamente. A veces son acosadas y maltratadas pero no denuncian, no se rebelan. “El ejército de las palabras bondadosas” está bien organizado en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia de la Lengua. Las personas las articulamos con libertad en forma de discurso. Yo tenía un profesor, doctor en Filología Clásica (y otros muchos títulos), que las amaba, cada vez que paso por su calle recuerdo su sabiduría y veo en la esquina la placa de su nombre. Se llamaba don Alfonso Sancho Sáez. Don Alfonso me enseñó a utilizarlas con corrección. Decían en los “tiempos del silencio” que era un humanista republicano, un ilustre señor. Nos impartía en COU, allá por el año 1972, una asignatura optativa que se denominaba “Crítica Literaria” en el IES “Virgen del Carmen” de Jaén, y nos enseñaba a apropiarnos de las palabras amándolas. A veces, cuando deambulo por las calles de la capital, dialogo con las palabras y las susurro, los viandantes se percatan de ello creyendo que estoy delirando, pero está claro que no es así. Reivindicaría a las autoridades municipales de la provincia jiennense que pusieran a sus calles, plazas, bibliotecas... nombres de personas sabias como don Alfonso.

A las palabras le ha salido en los últimos tiempos un peligroso competidor que se llama “Ejército de los Emoticonos”. Estos pequeños dibujos tratan de conquistar el lenguaje de la comunicación entre personas utilizando un código reducido de elementos creado por las redes sociales. Faceboock las agrupa en: sonrisas y personas, animales y naturaleza, comida y bebida, actividades, viajes y lugares, objetos, símbolos y banderas. Tienen como finalidad facilitar a los usuarios la transmisión y recepción de las diferentes emociones estándares. Sin posicionarme en contra de esta realidad creo que su lenguaje es muy simplista e impersonal (como si estuviéramos comiendo “comida rápida o “comida basura”), pues los sentimientos hay que explicarlos con detalle por su especial complejidad.

Últimamente observo en el “arco parlamentario español” a un político joven de raíces jiennenses que emplea nuevos emoticonos para enmascarar su pobre razonamiento, ¡lamentable! ¡con los buenos oradores que hemos tenido y tenemos en la historia de nuestro país! Por curiosidad busqué en la red los “emoji objetos” y, por suerte, entre ellos no aparecen la impresora o las esposas. Sin embargo, yo le recomendaría, todavía está a tiempo, que use en su discurso “el ejército de las palabras bondadosas”. En conclusión: sufrimos una continua ofensa a la palabra, un espectáculo bochornoso, por parte de estos políticos de pacotilla cuando les vemos en el plasma. Desde estas líneas reivindico que el discurso de las personas que representan al pueblo sea de más nivel, tal vez se le deba evaluar periódicamente en el noble ejercicio de la política, aunque un alto porcentaje sean titulados superiores. De inicio les obligaría a una lectura comprensiva de los discursos de los filósofos griegos: Sócrates, Platón y Aristóteles; después habría que evaluarlos, pues están suspensos en Oratoria. Y si no aprueban deberían reintegrarnos el dinero que les pagamos con nuestros impuestos... pero pensándolo bien, lo último que he dicho es una mera quimera porque la mayoría tienen a “la pela” como su principal “modus vivendi”.