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lunes, 19 noviembre 2018
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Luis Salido

La trastienda jaenera

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Hoy es lunes, de una semana partida por una fiesta autonómica. Una semana atípica, en la rutina de la fulgurante actividad diaria de una campaña de aceituna que se nos va y de un puente para muchos, que se nos viene.

Al tiempo que disfruto de un cremoso café con leche (en taza) y de media tostada (integral) de AOVE, pienso que en este lunes volveremos a tener nuevamente fotos de presentaciones de actos, comparecencias de guion, infinidad de información deportiva y alguna que otra protesta vecinal o denuncia que se hará viral en las redes sociales. Rutina enlatada que martillea, sobre la ya muy desgastada actitud positiva, que como jiennenses necesitamos para tratar de sonreírle a cada lunes que comienza.

Escasos 10 minutos de reflexión durante los que, con tan solo un fugaz repaso mental a lo que está sucediendo en la trastienda de esa actividad de postal, mi rostro consigue dibujar una sonrisa de satisfacción.

Sonrisa de orgullo de pertenencia, que me refuerza la idea y el compromiso que como jienense tengo, de ejercer como prescriptor 24/7 de mi tierra. Sonrisa, cuando compruebo cómo en la trastienda de la casa que es nuestra provincia (de fachada desmaquillada de un diamante de oliva y oro aún sin pulir) ocurren día a día grandes cosas.

Trastienda, en la que al tiempo que revientan tuberías, esperando y esperando una promesa incumplida más, la revista Forbes sitúa a un paisano cardiólogo como uno de los 50 mejores médicos de España y una joven colega suya desarrolla un proyecto de investigación para crear una herramienta digital que realice un seguimiento domiciliario a los pacientes en rehabilitación cardiaca.

Trastienda, en la que a la par que un coche verde con sirenas es sinónimo de tentáculo recaudatorio, dos jóvenes provincianos logran la patente mundial para un invento que permite detectar la fruta robada de las explotaciones agrícolas. Trastienda en la que, a modo de ecosistema de talentos, conviven profesionales jaeneros aportando su conocimiento y sus habilidades al desarrollo ferroviario y de infraestructuras clave en Latinoamérica, Emiratos o Reino Unido. Artistas de la pintura, de los grafitis, de la escultura que muestran su ingenio en Berlín, en Nueva York, en Miami, en las azoteas de la Gran Vía en Madrid o en las paredes de las casas de personajes relevantes de nuestra sociedad. Enólogos del terruño con renombre internacional, que no producen vino sino experiencias. Aceiteros que han hecho de lo orgánico su diferenciación, familias de alfareros que suman tradición y vanguardia a través del cine; informáticos criados con cantos y chocolate, que desarrollan emociones en forma de videojuegos para millennials de todo el mundo; diseñadores que cambiaron ochíos y cerezas por las mejores pasarelas de Madrid, París o Milán; empresarios que, desde el valle del Guadalquivir, reciclan neumáticos para que el Estadio Bernabéu luzca su mejor tapete; amigas del barrio que deciden en consejos de administración de importantes empresas europeas, mientras ayudan desinteresadamente a los jóvenes en su emprendimiento internacional.

Trastienda, en la que a la vez que encontramos parques tecnológicos sin accesibilidad, jóvenes de nuestra tierra abanderan proyectos de turismo astronómico y científico, o ayudan desde la tecnología mobile a los pacientes con deterioro cognitivo, pérdida de memoria o principio de alzhéimer a llevar una vida mejor.

Trastienda, que a modo de “bálsamo de fierabrás”, ejerce como pócima milagrosa para sanar las heridas, en ocasiones de muerte, que tenemos por castigo en nuestra ya tan debilitada autoestima. Líderes de página impar, que sacan afuera los mejores atributos de lo que tenemos dentro. Estandartes de innovación, enseñas del atrevimiento que consiguen arrancarte una sonrisa en un lunes igual, de una semana más, de un año menos que nos va quedando, para conseguir inspirarnos a partir de ellos, salir de nuestra falsa zona de confort, pasar a la acción y con trabajo y una pizca de suerte, también a la trastienda.