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martes, 14 agosto 2018
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José Manuel Serrano

La cogida del alcalde

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En la larga temporada de despedida de Juan Fernández no se escatimará ni un festejo y casi como mandan los cánones, en cada comparecencia, debería sonar una versión adaptada de Suspiros de Linares. El último aviso para que abandone la plaza lo dirigió la presidencia desde el balcón madrileño de Ferraz. Un acto protocolario, funcionarial, visto que el plano secuencia viene de muy atrás y sabemos como acaba: en la “enfermería”. Aunque la elección en el cartel como secretario general del PSOE de Linares de Daniel Campos precipitará los movimientos de unos y otros, la paciencia con Fernández estaba agotada. El catálogo de desplantes era recurrente. No dirán, no obstante en público, eso tan mercantilista de que ya estaba amortizado. Aunque se apague la luz política, habrá que reconocerle en esta larga despedida ciertos arrestos a la hora de tener un discurso propio, a veces tosco, pero siempre viniendo de cara y un consumado don para empatizar con su electorado que le valió para arrasar en las urnas y le granjeó las medias sonrisas de sus compañeros jiennenses. Un ADN que le emparentaba con ese socialismo andaluz, de primeros espadas, que mejor supo conectar con sus votantes en otros tiempos. Una voz con la que identificarse, uno de los nuestros decían, que se mezclaba con soltura y discurso “ad hoc” con los trabajadores de Santana, alguien con quien compartir un rincón en la barra y una charla en la calle. Uno de esos que saben desprenderse del traje de luces cuando se mezcla con el pueblo. El éxito en las urnas le daba licencia para alzar la voz cuando quisiera, elegir encastes y así se sintió cómodo siendo discordante dentro de la plaza. Feliz en sus terrenos, un hábitat conocido que no quiso cambiar y con su cuadrilla pretoriana loando sus virtudes primero y, con el discurrir de la faena, lamentando sus excesos “sottovoce”. Quizá la endogamia acabó por debilitar el linaje y, al final, al rey León hubo que desalojarlo a la fuerza de una sucesión que no estaba dispuesto a permitir.

La cogida pública y definitiva de esta semana se sustancia en tres faltas muy graves que dicta la Comisión Ejecutiva Federal “vox populi”. “Ser un indisciplinado”, nada nuevo para el tendido de sol, o dicho de otro modo: Actuar al margen de lo órganos de la dirección del PSOE de Linares. Un segundo pinchazo por “menoscabar la imagen de los cargos públicos o de las instituciones socialistas”. Y el que lo tumba en el ruedo, una cogida con doble trayectoria: considerar probada la “falta de probidad y de honradez” del alcalde, valga la redundancia, pero para que se note que en la Comisión Ejecutiva Federal manejan sinónimos con brío.

Una irregular administración de los fondos del partido, o en román paladino, haber metido la mano en la caja de los euros del PSOE linarense, a modo de paga extra, o sobre bajo cuerda. No habrá paz para los malvados. Con este doloroso parte interno se le exige su dimisión inmediata. Fernández arremete contra todo lo que se mueve en el PSOE, advierte que estas graves acusaciones “no les saldrán gratis”, pero da la sensación de que el castigo le hace mella por más que el personaje muera matando. Así recita como en un rosario apócrifo los misterios del socialismo linarense y se detiene en la “muñidora” de su desdicha, Pilar Parra; menciona al séquito de sus traidores particulares desde el propio Campos, Luis Moya, Ana Cobo... y como cierre del salmo un “Gloria Patri” dedicado a Francisco Reyes.

Todavía quedarán algunas escaramuzas, unos cuantos “saltos de la rana”, pero ya cualquier tiempo pasado será mejor. Acostumbrado a dar primero, ahora se siente fuera de sitio y vapuleado. Lo siguiente será perder el favor de la plaza y eso será todavía más duro para quien siempre se encomendó a Linares. A los políticos, como a los toreros, les cuesta mucho retirarse y siempre amenazan con volver.