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viernes, 21 septiembre 2018
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Luis Eduardo Siles

Jaén en Troya

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Troyanas” es un montaje duro, conmovedor y deslumbrante, uno de los estrenos más importantes de la temporada teatral en España, que ha reunido mucho talento dentro: Aitana Sánchez Gijón —protagonista—; Carme Portaceli —directora—; Paco Azorín —escenografía—. Y la versión del colosal texto clásico de Eurípides la ha hecho, llenándola de aliento poético, de poesía en carne viva, el dramaturgo Alberto Conejero (Jaén, 1978).

Alberto Conejero vive un momento de plenitud creativa y profesional. Su obra “La piedra oscura” se estrenó hace dos meses en Londres —como ya reseñamos en su día aquí—. Ahora, en esta versión de “Troyanas”, ha respetado absolutamente la esencia del texto de Eurípides, un descarnado grito de las principales —y pocas veces tenidas en cuenta— víctimas de la guerra, las mujeres, y lo ha envuelto en una sensacional atmósfera poética, que respira de García Lorca, sí, pero también de Alberti, en definitiva de la tradición poética andaluza, para crear una obra de constantes frases de impacto, las de Eurípides, y las que él aporta: “No hay amante más infiel que la felicidad”, dirá uno de los personajes. Alberto Conejero es escritura teatral en estado puro, un dramaturgo y poeta de largo recorrido que no ha hecho más que empezar.

El montaje cuenta también con una impresionante Aitana Sánchez Gijón, que está en un momento cumbre de su carrera. “Las peores atrocidades las cometemos las personas normales”, ha dicho Aitana recientemente en una entrevista, como lectura personal de esta obra de Eurípides. El grito que lanza Aitana/Hécuba cuando Taltibio le comunica que los griegos van a matar a su nieto, un niño, simplemente porque es el hijo de un hombre valiente, cruza el escenario, el patio de butacas y el alma de los espectadores. Aitana comenzó muy joven su carrera. Ya en diciembre de 1989 protagonizó un reportaje en la revista Man, que editaba el grupo Zeta, en la que su rostro, su mirada, eran en sí mismos una dramaturgia. Después de esta versión de “Troyanas”, la mujer más bella del mundo ya no será Helena, como siempre señalaron la leyenda y los libros, sino que es esta Hécuba a la que ha dado vida y ha puesto cuerpo sobre las tablas del teatro Español de Madrid la gran Aitana Sánchez Gijón.

“Que nadie diga que ya es feliz hasta su último día”, exclamará otro personaje, en esta obra que tiene varias capas, con un suelo por el que se mueve el trágico destino de esas mujeres de Troya cuyos cuerpos serán sorteados entre los vencedores de la guerra como si fueran ganado, y por cuyo subsuelo circula la vida, con todos los temores, miserias, frustraciones, y tremenda grandeza, que aporta el ser humano cada día. “Da vergüenza saber lo que somos capaces de hacer para seguir vivos”, dirá otro personaje. Aunque detrás de las palabras de Hécuba a las demás mujeres subyace la idea, aunque no la letra, de aquel poema de José Manuel Caballero Bonald: “La vida exige siempre empezar a vivirla”.

En “Troyanas” destaca también la interpretación de Miriam Iscla, actriz de infinidad de registros, y de Alba Flores, que lleva en sus venas el arte legendario de su estirpe. E insistimos en la sobresaliente versión de un autor de Jaén, Alberto Conejero. “Sólo hay dos momentos en los que estamos a salvo: antes de morir y después de morir”. Hay pocas cosas más emocionantes, sí, que el gran teatro.