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miércoles, 17 octubre 2018
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Rafael Peralta

Envejecimiento y dependencia

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España es uno de los países más envejecidos del mundo y en el que cada vez nacen menos niños. El comportamiento adverso de nuestra demografía, con altos índices de nacimientos en las décadas de los 60 y 70, seguidos de descensos paulatinos desde los 80 hasta hoy, ha provocado un desajuste en el sistema redistributivo, que puede poner en peligro el modelo de prestación de pensiones que rige en España en la actualidad. El índice de envejecimiento expresa la relación entre la cantidad de personas adultas y la cantidad de personas menores de quince años. Si el comportamiento de este indicador es preocupante en España con un incremento del 15% en la última década, el dato en Jaén dispara las alarmas. Curiosamente, nuestra provincia cuenta con el índice más alto de Andalucía, 122,53, y un incremento del 24% en la última década. Y esta tendencia no cambia si analizamos la proyección que lleva a cabo el Instituto de Estadística hasta el año 2040, que augura que para esta fecha un tercio de la población de la provincia tendrá más de 65 años, frente al 18% de ahora. Así la cosa, no es casualidad que la fundación “Agein Lab” haya consolidado en nuestra capital la celebración del Congreso Internacional de Envejecimiento y Dependencia. En este evento se han expuesto las ideas innovadoras de distintos agentes que abordan con éxito los retos de este cambio demográfico. Que en el calendario de congresos internacionales destaque Jaén los años impares con Expoliva y los pares con el de Envejecimiento revela un inquietante reflejo de por dónde van las cosas en la economía y sociedad de nuestra provincia. En la misma línea, el Consejo General de Economistas ha publicado un estudio sobre la debilidad del sistema de pensiones en España y la necesidad de afrontar reformas importantes. Así, en 2017 el sistema de pensiones generó un déficit de 19 mil millones de euros, con una ratio de 2,2 cotizantes por cada pensionista. En menos de 30 años, aún consiguiendo el pleno empleo, prácticamente tendremos un jubilado por cada trabajador. La proporción necesaria para mantener este sistema es 3,5 trabajadores por pensionista, con lo que los actuales 2,2 tendrían que aumentar la productividad un 60%. La otra cuenta es fácil, si pretendemos sostener el sistema estaríamos obligados a duplicar el número de empleos en los próximos años. Por otro lado, la ratio de dependencia económica efectiva (relación entre pasivos y activos empleados) pasará del 40% actual al 88%, aunque el mayor deterioro tendrá lugar a partir de 2025. Una vez más la visión cortoplacista, o electoralista, de la revalorización de las pensiones nos impide analizar el problema a largo plazo que requiere de actuaciones estructurales con la revisión del Pacto de Toledo. Todo apunta a medidas drásticas que ayuden a paliar la alta probabilidad de pobreza que pueden sufrir nuestros mayores en las próximas décadas. Si tuviera que apostar, lo haría con un cómputo de la totalidad de la vida laboral y un retraso de la edad de la jubilación de al menos tres años, lo que ayudaría a reducir la carga financiera un 33 %. Y no olviden la medida siempre recurrente de una subida de impuestos, principalmente directos, lo que generará otro debate sobre la financiación del problema de las pensiones con tributos. La sociedad necesita consensos, y tales son los intereses en el juego que las posturas son de una gran irresponsabilidad. Y un consejo, olvídese de cumplir años, y empiece a cumplir sueños.