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martes, 18 septiembre 2018
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Manuel Peñalver

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El I Congreso de Castillo de Locubín nos recordó aquel enunciado de Cicerón: “Si cerca de la biblioteca tenéis un jardín, ya no os faltará de nada”. Vergel y manantial: eso es Castillo de Locubín. En estrecha armonía con la Sierra Sur y Alcalá la Real. Como homenaje, el soneto más grande de la literatura. Su título, “Amor constante, más allá de la muerte”, de Quevedo. Historia y geografía. Filología y periodismo. En una comarca que sueña sus sueños cervantinos con una prosa que parece esculpida por Larra y Francisco Umbral. Dolores Ruiz Sevilla, Lola Morales, Pepe Morales, Paco Martín, José María Peinado, Rafael Hinojosa, Domingo Murcia, Antonio Heredia y los veinte ponentes asienten. Porque ellos mismos caligrafían las sílabas con una métrica homérica y machadiana. La misma que nos hace vivir al filo de los instantes para recordar aquello que versificó Borges: “Junto a aquel otro río de noches y de días / corre el tuyo que aclaman amigos y alegrías”. Los archivos, las crónicas antiguas, los viejos anaqueles.