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viernes, 21 septiembre 2018
19:02
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URGENTE
Imagen Miguel Angel Olivares
Miguel Ángel Olivares

Cuento de Navidad

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Hoy me he quedado embobado contemplando esas luces que cuelgan estos días por las calles de nuestra ciudad. Somos una urbe moderna que ya ha cambiado la calidez de las bombillas de filamento por estas de luz fría que llaman led. Esta noche, a mitad de mi paseo, me he sentado bajo la marquesina de una de las sucias y destrozadas paradas de nuestro tranvía fantasma. Al otro lado, a mi espalda, hay otro banco ocupado por un sin techo envuelto en una manta, rodeado de bolsas de plástico. El hombre me mira a través del cristal que nos separa, se ha incorporado, ha bajado las piernas al suelo y me parece por un instante que me mira desconcertado. Se ha pasado las manos por la cara y con los dedos se frota los ojos llenos de legañas. Yo me he girado de nuevo, he seguido sentado y me he cruzado de brazos, he reclinado la cabeza sobre el cristal mirando los colorines de las luces y me he puesto a pensar en este año que acabamos. Un 2017 anormal, raro, en el que los políticos de nuestro país han centrado su esfuerzo e interés en sus partidos, sus cuestiones internas, y en Cataluña. Se han tratado poco los problemas reales que interesan de verdad a los ciudadanos. Cuando uno se acerca al fin de año todavía tiene la esperanza de que todo esto va a cambiar en el próximo y que el interés se va a centrar en los graves problemas que tiene nuestro país y que son apremiantes. A todos y cada uno de nosotros nos preocupa el paro, el juvenil especialmente por sus cifras demoledoras. Es especialmente bochornoso que tengamos una tasa de paro juvenil que supera el 40% porque casi 600.000 jóvenes menores de 25 años se encuentran en desempleo, cifra que supera los 1,5 millones en el caso de los menores de 35 años. El informe de la Red Europea de lucha Contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español señala que el 35´6% de los jóvenes españoles está en riesgo de exclusión social y pobreza. Sin entrar también en la precariedad y temporalidad de los que consiguieron trabajo o sin entrar en el escandaloso tema de los becarios en nuestro país, de los cuales un 65% no recibe remuneración ninguna. He pensado en los amigos que han tenido que emigrar porque sencillamente no tenían más remedio. Y todos sabemos que perdemos nuestro capital humano y social, pero, sobre todo, lo vivimos como lo que es, un drama humano. A todos nos preocupa enormemente la corrupción, ese gran desafío, esa enorme pérdida de dinero público que debería emplearse para otras cosas y no para reforzar a esas élites que son las únicas corruptas, aunque quieran hacernos creer que los pobres son los que se corrompen también, esa corrupción es la que asienta indefinidamente la desigualdad. Más el descrédito que esa corrupción da a las instituciones, descrédito que quita legitimidad a la democracia misma. Otro país es posible en 2018, no solo es posible, es necesario. Se puede consolidar más aún desde el punto de vista de los derechos civiles y políticos, pero además es escandalosa la flaqueza en los derechos sociales, económicos y culturales. El país que tenemos debe estar a la altura que merece la dignidad humana y el valor de la naturaleza. Tiene que hacerse real. Agradeceríamos a nuestros políticos que reflexionaran sobre estas inquietudes que tenemos todos y que traten de hacer real el que se respeten esos derechos.

El hombre de la marquesina se ha puesto en pie, era muy bajito. Un gato ha salido de algún sitio bajo el banco y ha corrido por el césped artificial que tapiza el espacio entre los raíles de hierro y se ha perdido bajo un coche. El hombre tiene una barba sucia y blanca, le amarillea en el bigote de fumar colillas. Se ha enjugado los ojos con la manga de su chaqueta, ha recogido sus bolsas despacio y se ha metido la mano libre de ellas en el bolsillo del pantalón antes de marcharse. Ha vuelto la vista atrás un instante para despedirse del cartel publicitario que le gusta mirar antes de dormirse, con aquel dibujo de un tenedor, una cuchara y un círculo con forma de plato que le encanta imaginar, como en un juego, y esas palabras: Jaén Paraíso Interior.