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miércoles, 22 mayo 2019
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N uestro presidente, Juanma Moreno, ha defendido recientemente que la Semana Santa no entiende de ideologías. Un alegato a favor de un bien común: la defensa de la identidad cristiana y de nuestro patrimonio cultural. Tenemos derecho a defender nuestras creencias y forma de vida pero, ¿de qué estamos hablando exactamente? La religión, como sistema de creencias, es una práctica de fe basada en una revelación. La cultura, por su parte, tiene como fin un juicio crítico del conocimiento humano, sin sujeción a dogmas inquebrantables. Llamando a las cosas por su nombre, el presidente quizá se refería a la defensa del folclore, como una perpetuación de costumbres, cuya naturaleza es voluntaria y en ocasiones sirve para ganar votos. ¿Cuándo la religión dejó de ser un fin para convertirse en un medio? Si consideramos a una manifestación religiosa parte de una cultura, que además tiene un patrimonio vinculado, debemos hilar más fino. La terminología está sujeta a interpretación y puede confundirnos, pero es una herramienta útil para entender que todo lo que tiene valor tiene dueño, que los nombres que empleamos nos posicionan y definen.