Actualizado
sábado, 17 noviembre 2018
12:03
h
URGENTE
Imagen RAMON PORRAS
Ramón Porras

Cataluña, 1977

Ver comentarios

Días antes del 4 de diciembre de 1977, Tarradellas recibió en el Palau de la Generalitat a un grupo de andaluces —cinco en total, tres de ellos de Jaén— que comunicaron al presidente su deseo de organizar una pacífica movilización de catalo-andaluces, en defensa de los autonomías de todos los pueblos de España, singularmente la ya existente, aunque no suficientemente vertebrada de Cataluña y de la Andalucía todavía preautonómica. Recuerdo que el presidente de la Generalitat con un metal de voz profundo que en todo momento exhalaba seguridad y convicción nos dijo: “Todo lo que hagáis por Cataluña será siempre en beneficio de vosotros mismos, de Andalucía y del resto de este país diverso que es España”. No existía aún la Constitución de 1978, y como es obvio tampoco el Título VIII de la misma. Estaba todo por hacer. Hasta el 20 de octubre de 1981 no se aprobó definitivamente el Estatuto de la Autonomía andaluza. Nos hallábamos en el primer tramo de la transición que, por aquel entonces, era reivindicativa. Desde tiempo atrás, la comunidad andaluza participaba de forma notable en las pequeñas conquistas de aquella sociedad: Aulas de la Cultura Catalana, celebraciones prohibidas de la Diada, al grito de “libertad, amnistía y Estatut de Autonomía”, perseguidos por la misma violencia, te llamases Pérez u Oriol. En el final de esta década y casi toda la siguiente, el grado de integración no solo de Andalucía sino de otras comunidades, fruto de la emigración, con la sociedad civil catalana era muy generalizada. Y hay que reconocer que la paulatina casi eliminación del término “charnego” debe de atribuirse al discurso que por aquel entonces ofrecía y propalaba un joven político (Jordi Pujol) cuando mantenía que catalanes éramos todos.

La movilización se produjo el 4 de diciembre de 1977, con un éxito inesperado. La hemeroteca de la época cifra en alrededor de quinientos mil ciudadanos, que ocuparon la Plaza de Cataluña, Las Ramblas, hasta la plaza de San Jaime, en la que entre el Ayuntamiento y la Generalitat se ofrecieron discursos integradores que realizaron el catedrático José Acosta, Joan Reventos por el Partido Socialista, y por la organización quien escribe esta evocación que resulta transida de dolor por los dos escenarios que, hoy en día, cuarenta años después, están abiertamente confrontados en Cataluña. ¿Cómo y quiénes han podido inocular tanto desdén y odio hacia una parte de aquella sociedad civil, que en su ADN no se ubicaba el mapa de la Comunidad Autónoma de Cataluña? Esa parte afrentada que se opone a la independencia, absolutamente transversal la forman los mismos hijos y nietos de quienes, en 1977, reclamaban la explicitación de los derechos fundamentales de Cataluña y Andalucía en un código supremo, el mismo que ahora se pretende demoler. Y en la gestión de este derrumbe constitucional no caben más prevenciones del Gobierno del Estado. ¿Quién puede dudar de que la sesión plenaria de los días 6 y 7 de septiembre del Parlament constituyó una declaración de independencia? ¿A qué se espera para salvaguardar los intereses de quienes eran portadores de ese mar de banderas verdiblancas y senyeras? En todo caso, debe quedar claro que el colectivo de andaluces, en Cataluña, año 1977, se adelantó al Título VIII de la Constitución, en defensa de sendos Estatutos de Autonomía. Solo hace cuarenta años.