• FERVOR.<i> Aunque chispeó, Nuestra Señora de la Misericordia recorrió las calles peroxileñas.</i>
    FERVOR. Aunque chispeó, Nuestra Señora de la Misericordia recorrió las calles peroxileñas.

La banda sonora de las verbenas patrias y, como no, en la provincia, es para analizarla despacio. Cabe todo y de todas las épocas, siempre que incluya un poquito de “chunda chunda” se baila, lo mismo la Jennifer López y cante al anillo, que no termina de llegarle de su amado, que los éxitos infantiles de Mélody, que hace ya bastantes primaveras que dejó de ser una niña, que el Baila Morena, el éxito de Héctor y Tito, un dúo del que seguro nadie se acuerda y que, a pesar de ello, aunque parezca mentira, son capaces de colar aún en cualquier festejo popular un “hit” que ya tiene casi tres lustros. Con estos mimbres musicales, en el Paseo del Prado de Torreperogil, escenario principal de la feria dedicadas a Nuestra Señora de la Misericordia, se armó el cesto del día grande de las fiestas locales. Y eso que había amanecido lloviendo.

“La costumbre aquí es quedar en los bares y, cuando ya hemos comido, nos vamos a las casetas del Prado, las que montan las cofradías”. Si no que se lo digan a los del bar Patojo, por decir, uno de los muchos que estaban llenos y que, a las seis de la tarde, lo mismo servían un combinado de ginebra y tónica, que un café, que dos tercios de cerveza y un costillar, a 10 euros la ración. Las planchas ardiendo, la máquina del hielo que no daba más de si y, el inconveniente de la lluvia, el mayor quebradero de cabeza que provocó fue alguno que se mojó las posaderas al sentarse en las terrazas de los locales que, sí, aunque descargaba el agua del cielo, también estaban a disposición de la clientela. Cuando hay demanda, se hacen por responder con una buena oferta. Los que venden globos hicieron por buscarse un lugar resguardado para tentar con los hinchables a los chiquillos y chiquillas que iban de la mano de sus padres, haciendo tiempo para la hora de los cacharricos. Las precipitaciones, eso sí, hicieron que alguna que otra Peppa Pig de plástico se pusiera chorreando y que, incluso, a un Pocoyó se lo llevaran los aires de La Loma, hacia destinos desconocidos, para desdicha del que, durante unos segundos, fue un niño felicísimo y al que, para evitar el berrinche, su madre rápidamente le compró un globo idéntico. Mientras, tanto, en la parroquia de Santa María la Mayor, se abrían las puertas a los fieles y se preparaba todo para la procesión. Más allá de las predicciones y del propio aspecto del cielo, que amenaza tormenta, en la cofradía tenían claro lo que iba a suceder. “Nuestra Señora de la Misericordia sale, seguro que sale en procesión”. Así fue, a las 20:00 horas, tal y como estaba previsto, con puntualidad de tren suizo, la imagen de la patrona de los peroxileños cruzó la portada del templo gótico para alegría de los vecinos del pueblo que recordó el poeta Antonio Machado, fruto de sus excursiones desde Baeza a otros puntos de la comarca. La Agrupación Musical Justo Jiménez interpretó los sones del himno de España y, entre repiques de campanas y cohetes, la Virgen con el Niño en brazos comenzó su recorrido por el casco viejo de Torreperogil. A medida que avanzaba, eran más los vecinos que salían a las calles para encontrarse con su Madre divina. “Yo pensaba que no iba a salir”, aseguraba una vecina. Pero el desfile no se suspendió, y eso que comenzó a chispear. Al frente de la comitiva, la orgullosa hermana mayor Francisca Carrión, acompañada de los miembros de la junta directiva de la hermandad. También asistió el alcalde, el socialista, José Ruiz, junto a de otros miembros de la Corporación, entre los que estaba su compañero en el Gobierno local y senador, David Delgado. La procesión de ayer fue la antesala de una larga noche de feria, unas celebraciones que no terminarán hasta el próximo martes, 11 de septiembre. Si hay más días de lluvia por delante, seguramente, pase como ayer, cuando, entre claro y claro, los niños jugaban con los paraguas en la calle.