No hay que tener miedo a realizar un cambio en la vida, por muy difícil y duro que pueda parecer”, dice Manuel Calzado, un jiennense que tomó la decisión de marcharse a Lublin (Polonia) para crecer y afrontar, con otra cara, la situación y realidad que le tocó vivir. Así, lleno de valor y esperanzas, hizo sus maletas un 11 de noviembre de 2016 para coger un vuelo de ida a la ciudad polaca.

Fueron varias las razones que motivaron a Calzado a marcharse de Jaén. Tenía, por aquel entonces, 25 años. Acababa de finalizar la carrera de Filología Inglesa y el máster de profesorado. Y, aunque se presentó a las oposiciones para profesor, no consiguió aprobarlas, por lo que se quedó en desempleo. A esta situación se sumó la repentina muerte de su padre justo un mes antes del examen a las oposiciones. Los médicos le detectaron cáncer, sin embargo, fue tan agresivo que, en menos de tres semanas, Calzado tuvo que decirle adiós. Su padre tenía tan solo 56 años cuando falleció el 23 de mayo de 2016 y Calzado comenta que el verano se presentó como una época en la que lo pasó fatal, ya que no podía parar de recordar lo sucedido. Sin embargo, pensó que su vida no podía resumirse a eso, que debía seguir adelante y encontrar un camino que le ayudase a superar todos los baches que le puso el destino. Y en su búsqueda encontró la opción perfecta: dar clases de inglés y español en Polonia. “Pensé en probar e irme al extranjero, ya que esto me iba a venir bien en todos los sentidos, tanto a nivel personal como profesional”, explica Manuel Calzado.

Unos años antes, colaboró en un voluntariado de una organización en Cracovia, donde pasó unas semanas y pudo comprobar que le gustaba ese método. Por ello, volvió a informarse en esta misma entidad, donde vio que necesitaban a alguien para trabajar como profesor de inglés y español en Polonia, y no se lo pensó. “Estuve trabajando un tiempo en la organización y, como veía que valía para eso y los estudiantes me apreciaban bastante, decidí echar el currículum por algunas escuelas de allí y me llamaron”, declara. Sobre esto, Calzado asegura que su experiencia en Lublin fue muy buena, aunque confiesa que también tuvo momentos muy malos. “Fue una etapa muy dura. Pasé de que mi padre estuviera bien a que, de un momento a otro, se fuera”, indica. De hecho, expone que muchos de sus amigos le han dicho, alguna que otra vez, que lo admiran por haberse ido tan solo seis meses después de lo ocurrido a su padre. “Muchos me dicen que ellos no habían podido irse solos a trabajar en un momento así. Pero el ser humano, cuando peor se ve es cuando más valor le echa. Por eso tomé la decisión”, subraya. Admite que irse a Polonia le ayudó muchísimo. “Me hizo hombre. Me hizo la mili”, bromea, ya que pasó de vivir con sus padres y de no preocuparse de nada a independizarse, vivir solo y buscarse la vida y su trabajo.

Cuanto terminó todos sus contratos como profesor en Lublin cuenta que todos sus alumnos acabaron muy contentos con su trabajo. Tanto que, cuando volvió hace unos meses a Jaén, su anterior jefa le pidió que volviera y apunta: “Es algo que me estoy pensado, de hecho, creo que volveré en octubre”. Cuenta que volvió a España para hacer de nuevo las oposiciones y que, esta vez, se quedó en la bolsa, por lo que puede que le llamen para el curso siguiente. Y, como tiene un año de por medio, piensa que le vendrá bastante bien otro año más en el extranjero al ser profesor de inglés. Eso sí, destaca que su futuro está en España, ya que dice que la educación está mucho mejor aquí que en el país polaco.