De siempre el ser humano se ha preguntado por el sentido y el alcance de lo que llamamos habitualmente las situaciones límite (también escritas como situaciones-límite). De siempre y hasta hoy, esta especie de escenario, en el que las cosas se presentan de manera angustiosa y con capacidad, al menos aparente, de tragarnos en el hueco vacío, han sido analizadas una y otra vez. Por temidas y por buscarle algún sentido dentro de nuestra vida. La pregunta es por qué y para qué tenemos necesidad de asomarnos al peligro total y nuestra existencia se tiene que ver abocada a este sufrimiento que genera tanta angustia.

El caso es que, si es verdad lo de que el fútbol, con las vivencias que suscita, es una realidad paralela a la que dejamos fuera al entrar en el campo, es posible aplicar los mismos parametros vitales a lo que se vive dentro del campo. También, por tanto, se pueden dar, y de hecho se dan en ocasiones, situacones límite dentro del fútbol Que se lo digan si no a los espectadores que siguieron el partido entre el Real Jaén y el Villacarrillo. Situación límite para unos y otros, para ambos equipos y ambas aficiones. Tensión tal que parecía se iba a romper el horizonte. El desarrollo, especialmente en la segunda parte, con el que se desenvolvió el resultado creó un clima de máxima tensión y extrema ansiedad general y universal.

Había empezado el partido con una presión inteligente del equipo visitante que cercaba al Real Jaén, al tiempo que le dejaba caer más de un aviso de que venía con fuerza y entusiasmo a intentar ganar el encuentro. Y así, en un clásico esquema de dos barreras por delante de su portería y el camino abierto a cualquier contraataque de relámpago, pocas esperanzas dejaba tener a los locales, que no solo no veían la manera de progresar ofensivamente sino que suf rían el temor de verse desbordados. Todo ello, como todo el partido, bajo la dirección del añorado Toni, el jugador cuyo paso por el Real Jaén dejó una huella de dolor, sobre todo innecesaria. Y así fue como los villacarrillenses consiguieron no solo mover el marcador sino quebrar la impunidad que venía ejerciendo la portería jiennense. Aunque, quizás algo desarbolados con este ambiente, permitieron al Real Jaén, tras un tiro al travesaño previo, empatar un partido en el que habían jugado con brillantez y de una manera gustosa.

Con la entrada de Juan Carlos, movió ficha, como se dice en argot, el Real Jaén, al empezar el segundo tiempo, y este cambio resquebrajó todo el engranaje. Y los capitalinos empezaban a entonarse, un penalti quebró todos sus buenos propósitos. El Villacarrillo se hizo dueño de la situación y generó tensiones y ansiedad hasta el límite en los locales, incluidos los espectadores que veían cómo un partido, que algunos ingenuos e ignaros creyeron como toreo de salón, se les iba de las manos. Perdieron algo de deportividad los visitantes con demasiadas pérdidas de tiempo, agarrándose a la victoria de la que venían gozando, hasta que Migue Montes entró al campo y con su capacidad y la ayuda de sus compañeros retorcieron un destino, que parecía definitivo. Roto el partido, todo fue ir y venir, subir y bajar, avanzar y retroceder unos y otros. Mientras, la situación límite ahogaba a los espectadores.

Las situaciones límite, decía un filósofo existencialista alemán, a veces producen un tipo de redención, esperanza de salvación que para los villacarrillenses fue infierno y cielo para los capitalinos, que afianzan su posición en la tabla. .