Dando por sentado que la educación es la base fundamental del bienestar social, podría parecer que hay un acuerdo absoluto sobre qué es lo que tenemos que enseñar en las aulas del siglo XXI y en el mundo europeo en el que vivimos en donde acceder al estudio y a la formación hace ya mucho tiempo, y afortunadamente, dejó de ser un privilegio. Sin embargo, existe disparidad sobre la educación, la enseñanza, lo formativo. No sé si podría servir de consuelo considerar que es tema recurrente en nuestra historia. A modo de ejemplo “La enseñanza del español en España”, Américo Castro, 1921. Cerca de un siglo después tenemos, además, otros llamamientos para la reflexión. Me refiero al Informe Delors, 1996, documento científico y expositivo: “La Educación encierra un tesoro” donde se indican los cuatro pilares de la educación: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir, aprender a ser. Es difícil expresar más contenidos y conceptos —palabras muy del gusto de ciertos sectores— de una forma tan sintética. Son propuestas fundamentales para todo el sistema educativo actual, necesarias, y en las que deberíamos estar empeñados toda nuestra vida. Por el contrario, tantas veces, nos planteamos cuestiones que ni siquiera son ya del siglo XX.