Dice mi amigo “el Nano”, experto en comunicación no verbal, que todos los políticos mienten, digo yo que es muy posible, después de tantos años escuchando y sufriendo, muchas palabras, muchas promesas y muchos desengaños. Algunos son artistas del disimulo, tanto que no solo crecen con sus mentiras sino que llegan a creérselas y hacer de ellas una verdad absoluta. En estos días en los que estamos ante un doloroso proceso secesionista, en el que no importan las formas y se olvidan las reglas más elementales de la democracia, triste situación que me ha hecho reflexionar sobre qué es más importante, si la verdad o las formas. En cualquier parcela de poder, por muy pequeña que sea, no se puede dejar a un lado aquello a lo que representas y más aún a los que representas. Si los olvidas, los engañas o los desprecias, en democracia, algún día pasarán factura. Sobre todo si fomentan la mentira y la maldad, sin importar a quien utilizan para sobrepasar la línea roja de la soberbia, sintiéndose dueños de una sola verdad, la suya. Ese día, que llegará, porque el tiempo apremia, habrán de irse, y entonces es cuando son más importantes las formas, porque si importante es saber llegar, más importante es saber irse. Cuestión de educación.