El poeta Luis de Góngora dejó escritas en 1601 unas letrillas bajo el título “Dineros son calidad” que no puedo citar completas, baste una estrofa: “Todo se vende este día/ todo el dinero lo iguala/ la corte vende su gala/ la guerra su valentía/ hasta la sabiduría vende la Universidad/ ¡Verdad!”. Cuatrocientos años después, por desgracia, no dejan de tener plena actualidad. Tras el vodevil del Máster de la señora Cifuentes, verdadera punta del iceberg que no ha hecho sino empezar y que pone en evidencia usos de universidades privadas o públicas, caben muchas reflexiones y que nos hagamos pensar a todos los niveles si el actual esquema es válido en nuestro país, mientras se reduce y envejece la población y disminuye el número de alumnos. El crecimiento, proliferación y dispersión de centros superiores y la ineficiencia de mecanismos de supervisión y control por parte del Estado provoca desde antiguo que ninguna de las universidades españolas ocupe un lugar acorde a su nivel en el concierto mundial, mientras la serpiente noticiosa —nunca para bien— les hace mella colocándolas ante la realidad; panorama distinto —por cierto— al que encontramos en nuestras escuelas de negocio, que brillan con luz propia entre las de su género. Algo falla.