• <span style="text-transform:uppercase">ENCIERROS NOCTURNOS.</span><i> Toro de la ganadería Martínez Vivo, de Hornos de Segura, en unas calles abarrotadas de gente en la villa de Iznatoraf.</i>
    ENCIERROS NOCTURNOS. Toro de la ganadería Martínez Vivo, de Hornos de Segura, en unas calles abarrotadas de gente en la villa de Iznatoraf.

Trueno gordo hoy en Villacarrillo, con unos encierros que asustan y vendrán más festejos populares con reses bravas para honrar patrones y patronas a lo largo y ancho de la provincia, especialmente en El Condado y Segura, más los novedosos San Chelines de Cazorla que habrá que ver por dónde discurren en lo taurino. Asistimos desde hace semanas a un continuo ir y venir de vacas y toros (más cabestros) o toros imaginarios, llamados de fuego, que son pólvora pura a raudales, en Jimena, en una tierra, la jiennense, donde la fiesta no parece tener fin. Fiesta y diversión que no se entiende, hay que remarcarlo, si además no está acompañada de toros. Pero y si nos lo quitan, ¿qué? A veces da la impresión de que son los propios taurinos los que menos defienden la llamada fiesta nacional, con esos postizos que se lidian en las plazas y esos afeitados que claman al cielo. No es el caso que nos ocupa hoy, aunque algún tonto suele haber en los encierros que en vez de citar y recortar, en vez de retar y torear, lo que hace es dar coces, eso sí, cuando la vaquilla no lo ve, claro. Ajustado en su dimensión, mínima pero ostentórea, el animal de dos patas, permítanme que navegue en la muy noble y leal costumbre de los encierros populares de la provincia de Jaén. ¡Qué sería de nosotros si nos quitan los toros de las calles! Por muy chico que sea el pueblo, un encierro es un encierro y no deja indiferente a nadie, toda la comarca arropa a sus vecinos y por cientos y por miles se cuentan los visitantes cuando las reses bravas están en la calle. Una costumbre que hay que mantener y los alcaldes lo tienen claro, una tradición que se sostiene por sí misma sin discusión en estos lugares (en las redes suelen aparecer personas que defienden lo contrario, claman contra el maltrato animal), en definitiva, estamos ante una forma de cultura popular tan incrustada en el acervo jaenero que no dudamos de su continuidad si todo sigue como hasta ahora. Muy especialmente, mientras las dehesas en la que pastan y se crían las reses bravas, tan abundantes en Sierra Morena, permitan el sostenimiento ecológico del territorio y aporten beneficio económico a sus habitantes, que sería escasísimo sin esta actividad, la única que vale, por otra parte.