Todo medio legal es lícito para alcanzar el poder. Así debió pensar Sánchez al embarcarse en la aventura, sin medir el alcance de con quienes iniciaba la travesía desde un Rajoy amortizado a un desenlace electoral más o menos lejano. Lo malo es el peaje a pagar. Tragar la imposición de unos presupuestos que calificó de antisociales y encamarse con los que quieren romper el lecho han venido a demostrar que en política todo vale con tal de conseguir la historia de una ambición. Lo malo le viene a continuación porque los que le han aupado exigen y han tenido la fortuna de que un asuntillo con Hacienda del ministro televisivo les dé la primera ocasión de hacerle ver que van a ser más feroces que un PP que bastante tiene con reinventarse y buscar líder fiable. Demasiada improvisación y ligereza en formar un gobierno es síntoma de poca seriedad. Tanta como la de Floren para anunciar que su hombre era Lopetegui que tampoco fue leal al fútbol patrio propiciando otro hazmerreír. Por ese foro de decisiones pasaron como invitados Felipe, Aznar, Zapatero y Rajoy. El pasado año la estrella invitada fué Sánchez. No se asombraran pues, si les digo que el pasado domingo el invitado ha sido un tal Albert. No cabe otra cosa que preguntarse si España es un país serio.