El Gobierno de Pedro Sánchez es —sin duda— un buen cartel que pone de manifiesto que el PSOE vuelve a sus orígenes, la socialdemocracia, donde ha cosechado los éxitos. Nombres como José Borrell, Nadia Calviño y María Jesús Montero refuerzan la vocación europea, el cumplimiento con la Unión, tranquilizan el Ibex y la prima de riesgo; Grande-Marlaska, Batet y el propio Borrell dan pistas a los catalanes y marcan el camino; Planas en Agricultura negociará una buena PAC; Defensa con el CNI estará bien en manos de Margarita Robles; Justicia, ya veremos. La inefable Carmen Calvo dará días de gloria y Màxim Huerta, antitaurino y no deportista, cierra el puzzle con calzador; guiños a las bases con la cuota crecida de féminas. Que sean o no un buen equipo dependerá del entrenador, menos lucido que sus figuras, lo que no dice mal de él, ¿se crecerá? Está hecho para durar, no habrá elecciones a corto plazo. Su debilidad está en sus exiguos 84 escaños y a quienes le ayudaron a echar a Rajoy no les hace demasiado felices; hay que darles tiempo, vendrán los problemas, tendrán que aplicar el 155; ¿usará la geometría variable mejor que el “no es no”? Se ganan elecciones para formar gobierno, Pedro, al revés, forma gobierno para ganar elecciones.