Nuestro paisaje es como un bosque organizado, en el que solo existe un tipo de árbol sabiamente colocado en hileras paralelas: el olivo. Árbol sagrado en su fruto sólido, líquido y en spray. Árbol cuyas ramitas son símbolo bíblico de la paz, desde el Antiguo Testamento; árbol saludable para el cuerpo y para las economías familiares e individuales. Ahora que se busca sobre todo la publicidad multiplicativa e incluso global, queremos promocionar las ventajas que la Naturaleza nos ha otorgado a este Santo Reino. Léase: los productos, el buen clima, las tradiciones ancestrales... sean materiales o inmateriales. Pero con subvenciones, que al dinero público —vía subvención— no se le mira el diente, sea autonómico, nacional, europeo o de la Unesco. Nuestro paisaje olivarero de sierra o campiña puede denominarse como “bosque organizado” u otra definición que se les ocurra a los del marketing. Además, como el lenguaje es algo que tenemos en común, no hay palabras u expresiones robadas, sino compartidas por todos los hablantes.