El turismo es un gran invento, lo descubrieron cuando Franco y decidieron aprovecharlo. Ya ha llovido desde entonces pero con altos y bajos –ahora hay altos altísimos– ahí está entre nosotros. Y en algunos sitios dicen que ya están hartos de tanto turismo –especialmente el barato–. Unos tanto y otros tan poco, como siempre. De todo debe aprenderse y de los errores de otros más. En nuestra provincia queremos turismo, visitantes y, a ser posible, de estancias consolidadas pero debemos tener muy presentes los errores que otros ya cometieron para no caer en ellos y, en caso de ya empezados a cometer, abortarlos de inmediato. Turismo cultural, claro, de calidad, claro, pero también de ocio y de gasto en nuestros pueblos. Las ofertas de alojamiento deben estar controladas y limitadas según qué espacios; las de ocio igualmente para que no resulten molestas a la ciudadanía autóctona. Los ayuntamientos y demás administraciones implicadas deberían tener o elaborar planes para ello, normativas y ordenanzas diáfanas y ejecutables –y obligatorias–. Tengamos lo bueno y evitemos lo peor.