Quién sabe si la propia vida es un timo, pues un engaño puede ser nacer para morir. El timo de la estampita del célebre actor cómico Toni Leblanc se ha quedado como agua de borrajas comparado con estos otros engaños a lo que nos tienen acostumbrados los manipuladores de eso que se llama una alimentación sana sin contraindicaciones de los prospectos de las medicinas, que sanan o te dejan lisiado como un patito de feria expuesto al pim pam pum de la escopeta de emplomados perdigones. Ese pollo amarillo tiene ese color porque le han puesto en el bebedero o en el pienso artificial una pigmentación artificial, y no porque el dos patas con cresta y espolones haya comido gusanos de la tierra u otras materias orgánicas naturales, no de laboratorio. Hasta los salmones noruegos de piscifactorías, algunas de ellas en los fiordos, tienen el color sonrosado gracias a la química, que no a la pigmentación dada generosamente por la madre naturaleza, a la que, por otra parte, nos empeñamos en azotarla en la picota de la plaza pública un día sí y el otro también. La alimentación es una cosa muy seria y chanzarnos de ella puede tener consecuencias irreversibles.