Hace días fue noticia la tasa digital con la que nuestros jiennenses ministro y secretario de Hacienda quieren rellenar la agujereada caja de las pensiones en España, gravándola a las compañías digitales Google, Apple, Facebook, Amazon. La idea es del Parlamento Europeo, que gravará con un tres por ciento anual las ventas de estas compañías norteamericanas. Los países de la UE están divididos sobre la tasa digital, unos prefieren libertad comercial y buenas relaciones con USA; otros, en los que está el Gobierno de España, se muestran más confiscatorios; se exige la unanimidad de los 28 países de la UE para aprobar esta tasa, todavía no alcanzada. Las Haciendas nacionales ven pasar a través del “e-comercio” miles de millones de forma volátil y sin posibilidad de gravar esas transacciones. Con un tres por ciento de tasa digital a las ventas de esas grandes empresas —al final, pagaremos los consumidores— se recaudarían para la UE unos 5.000 millones de euros al año, dinero que generosamente iría a los 500 millones de europeos para ayudas sociales e incluso quedaría algo —1500 millones— para llegar a la subida de las pensiones del inmisericorde 0,25 por ciento. Comparada con el IVA y con el Impuesto de Sociedades la tasa digital suena canto celestial.